Afirmaciones y ofertas hechas en una conciliación laboral no constituyen confesión ni constituyen prueba alguna

Cuando se desarrolla una conciliación laboral las partes pueden hacer afirmaciones, ofertas y contraofertas que luego no se convierten en confesión  o prueba en contra de quien las hizo en el caso en que la conciliación fracase y las partes se vayan a juicio.

Por ejemplo, puede suceder que en la conciliación el empleador proponga al empleado reconocer un sueldo mensual de $1.200.000, lo que no se puede interpretar como una confesión de que ese era el sueldo pactado al iniciar el contrato, y mucho menos esa afirmación se puede utilizar como una prueba de que en realidad ese era el sueldo, y así lo ha hecho saber la sala laboral de la Corte suprema de justicia en varias sentencias, entre ella la 37936 del 3 de noviembre de 2010 con ponencia del magistrado Francisco Javier Ricaurte:

Ahora bien, la posición de la Sala en torno a la acusación planteada por la censura, se encuentra contenida en la sentencia del 26 de mayo de 2000, radicación 13400, en que se apoya la acusación, y en la que claramente se define que no constituyen confesión, ni pueden ser esgrimidas como tal, las afirmaciones hechas por las partes durante una audiencia de conciliación, dentro del juego de las ofertas y contrapropuestas, sobre los hechos y razones que fundamentan sus distintas posiciones para reclamar o rechazar un determinado derecho, pues, de otro modo, se haría imposible toda negociación ante el temor suscitado entre las partes de comprometer su reclamación o excepción, en caso de no lograrse acuerdo.

Lo anterior debe quedar claro, puesto que en la medida en que el empleador tenga la certeza de que “lo que diga en la conciliación no será utilizado en su contra en caso de llegar a juicio”, se facilita el proceso de conciliación, lo que en efecto debes ser así, puesto que la conciliación se realiza con la intención de evitar un juicio, y con ese propósito las partes pueden aceptar más de lo que consideran justo o en derecho precisamente para evitarse los costos de un juicio. Seguramente un empleador puede considerar adecuado ofrecer $100.000 más de sueldo al trabajador para que este desista de iniciar un proceso laboral que costará más que esos $100.000, pero ello no significa que el empleador le estuviera “tumbando” al trabajador esos $100.000.

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