Al trabajador le corresponde probar el despido, al empleador la justa cusa

De conformidad con los términos del Art. 177 del Código de Procedimiento Civil:“Incumbe a las partes probar el supuesto de hecho de las normas que consagran el efecto jurídico que ellas persiguen.  Los hechos notorios y las afirmaciones o negaciones indefinidas no requieren prueba”. 

Lo anterior quiere decir, en palabras sencillas,  que a las partes de un proceso les corresponde probar los hechos que le sirven de sustento a sus pretensiones, en el caso del demandante; y a las excepciones en el caso del demandado.  Así por ejemplo, si el trabajador alega que fue despedido del cargo sin justa causa y por tal motivo reclama la indemnización que contempla la ley, deberá probar que fue despedido. Y si el empleador, por su parte, aduce que el despido se debió a justa causa, deberá probar la ocurrencia de los hechos que configuraron esa justa causa.

Ahora bien, en esa tarea que le corresponde hacer al trabajador -la de probar el despido- podrá acudir a los distintos medios de prueba aceptados por la ley, vale decir, a los documentos, a la confesión, a los  testimonios, a la inspección judicial etc. Sin embargo, la manera más usual y más segura de probar el despido es a través de la carta con la que se le comunica al trabajador la terminación del contrato de trabajo. Confiar o dejar en  manos de los testigos la suerte de la prueba o ponerla a depender de una eventual confesión del empleador, es en algunos casos demasiado riesgoso.

Lo que se viene de anotar pone de manifiesto la importancia que representa para el trabajador despedido contar con la respectiva carta de desvinculación.  Y saber esto le será muy útil para no caer en el error de dejarse provocar por el empleador y abandonar el sitio de trabajo sin llevarse consigo la mencionada carta.

Lo anterior lo he traído a cuento motivado por la lectura de una sentencia reciente de la Sala de Casación Laboral de la Corte Suprema de Justicia  (la SL592-2014 – Rad. 43105, del 28 de enero de 2014, M. P. Elsy del Pilar Cuello Calderón) en la que esa Corporación se ocupó del caso que a continuación describo brevemente.

Según la versión del trabajador, éste, luego  de varios años de servicios, fue despedido verbalmente de la empresa luego de haberse negado a renunciar. Una vez su jefe le  comunicó la decisión, le pidió seguidamente  que abandonara las instalaciones de la Compañía, lo cual atendió de manera inmediata. Como consecuencia de lo relatado el trabajador no regresó esa tarde a trabajar ni lo hizo al día siguiente que era viernes.  El lunes el trabajador recibió una comunicación de la empresa en la que se le pedía que se presentara a la misma pues se requería su presencia. El trabajador acudió al llamado y estando allí fue llevado a una oficina en donde se le escuchó en diligencia de cargos y descargos.  En esa diligencia se le enrostró el haber abandonado sin justificación alguna el sitio trabajo el jueves anterior, no haber laborado el resto de ese día y no haberse presentado a trabajar el viernes siguiente. Seguidamente se le entregó la carta de despido.

El trabajador demandó, la empresa negó haber despedido al trabajador en forma verbal y adujo que lo hizo por escrito tomando como fundamento su inasistencia injustificada al trabajo durante la tarde del jueves y todo el viernes. El juez de primera instancia condenó a la empresa a pagarle a trabajador la indemnización por despido injusto.  La empresa apeló y el Tribunal revocó y absolvió a la empleadora. El trabajador interpuso el recurso de casación, y la Corte le dio la razón al Tribunal tras considerar que el despido fue con justa causa.

Para la Sala, al trabajador le asistía la obligación de probar su afirmación de que había sido despedido verbalmente, cosa que no logró, pues su actividad durante el proceso se contrajo a repetir e insistir en que su inasistencia al trabajo  durante ese día y medio de ausencia obedeció a que había sido despedido en forma verbal por el presidente de la Compañía, manifestación ésta que no tiene ningún alcance probatorio pues proviene del mismo trabajador y a las partes no les está permitido elaborar su propia prueba.

Lo narrado en esta nota deja ver lo perjudicial que le puede resultar al trabajador dejarse despedir verbalmente. "Tanto vale no tener un derecho, como tenerlo y no poder probarlo",

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