André Kostolany

En Gerencie.com tenemos una sección dedicada a los mercados financieros, la que consideramos relevante en la medida en que cada día son más las personas que deciden invertir o arriesgar sus ahorros invirtiendo en la bolsa, y muchas terminan perdiendo su dinero, lo cual sucede en la mayoría de los casos por la escasa formación en este campo, y en un intento de contribuir a esa formación básica que toda persona debería tener antes de incursionar en los mercados financieros, exponemos a uno de los mayores inversores de la historia, que en la última etapa de la vida escribió varios libros de gran calidad sobre este tema, y los escribió a partir de la experiencia, lo que es garantía de que no es un vendedor de humo más como muchos de los que se ofrecen por ahí.

Nacido en el seno de una familia católica de ascendencia judía el 9 de febrero de 1906 en Budapest, André Kostolany acabaría convirtiéndose en uno de los especuladores en bolsa más destacados y reconocidos del mundo.

En Budapest comenzó a estudiar Historia del Arte y Filosofía puesto que deseaba convertirse en crítico de arte, pero a mediados de los años 20 su padre lo envió a París interrumpiendo sus estudios. A pesar de vivir también en los Estados Unidos, Alemania, Suiza y Austria, André Kostolany siempre consideró a la capital francesa como su hogar y a Hungría como su patria. En París, gracias a un amigo de su padre, fue introducido en el mundo de las finanzas y la bolsa, donde descubrió su pasión y talento para la inversión, como demuestran sus éxitos en la bolsa parisina durante los años 20. Cuando los alemanes ocuparon Francia en 1940, viajó a Nueva York donde vivió hasta finales 1950, momento en que regresó a París.

Con tan sólo 35 años ya era director general, presidente y el principal accionista de G. Ballai and Co Financing Company, y a pesar de sufrir algún que otro revés en el plano económico que lo acercaron a la ruina, siempre consiguió recuperarse y reconstruir su riqueza. Además de sus éxitos en el mercado de valores, escribió trece libros que fueron traducidos a varios idiomas y se convirtieron en éxitos de ventas a nivel internacional. A lo largo de los años fue premiado con numerosos galardones por sus logros, y prosiguió escribiendo en periódicos y revistas financieras de renombre en Francia y Alemania, además de impartir conferencias por todo el mundo hasta su muerte, el 14 de septiembre de 1999 en París.

Algunos de sus principales logros fueron el conseguir notables beneficios durante el declive del mercado en 1929, ya que invirtió a la baja, al especular con la caída de las bolsas. Tras la Segunda Guerra Mundial realizó numerosas inversiones en la reconstrucción de Alemania, cuyo posterior auge económico aprovechó para amasar su fortuna. Esto se debe a parte de su filosofía, ya que se mostraba contrario a que las opiniones de la masa influyeran en las decisiones del especulador. Para Kostolany son pocos, los que denominaba como “duros”, los que tienen éxito en bolsa ya que cuando el consenso general, “los blandos”, aconseja vender, es una minoría la que decide actuar y comprar.

En sus libros Kostolany recomienda a los especuladores operar con movimientos al alza, puesto que las bajadas suelen ser más rápidas que las subidas y estas últimas suelen ser lo más habitual en los mercados. Kostolany interpretaba la subida del mercado y el aumento del volumen de especuladores como el final de un movimiento al alza, ya que los “blandos” compran algo que ya ha subido. Por otro lado veía como un movimiento saludable aquel que subía pero lo hacía con poco volumen, puesto que eran los “duros” los que estaban comprando. Suele interpretarse como si quisiera que los especuladores se unieran a las tendencias, pero en realidad quería todo lo contrario, que llevaran la iniciativa.

La filosofía de Kostolany era un sistema que desdeñaba el análisis técnico, algo que hacía en sus libros, y que se acercaba más a la intuición y el instinto, y sobre todo no se dejaba llevar por opiniones y consejos. Sus ideas económicas para la especulación surgían de su fuerte conocimiento de los arbitrarios movimientos del mercado a corto plazo, algo que a la larga le permitió obtener grandes beneficios con sus inversiones. Para él los especuladores “duros” debían tener ideas, dinero, suerte y paciencia. Cuatro atributos que, pese a que el contexto actual sea diferente al que conoció Kostolany, siguen estando vigentes y aún son necesarios para lograr el éxito en el mercado de valores.

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