Capitalismo popular

Se puede considerar a Louis Orth Kelso como el ideólogo de la teoría del capitalismo popular. Pero hay que reconocer que fueron Margaret Thatcher y Ronald Reagan los que lo pusieron en práctica en sus respectivos países. El éxito de la política denominada "Capitalismo popular" en el Reino Unido fue gracias a las medidas aplicadas por la Dama de Hierro para involucrar a una gran parte de la población en el mercado financiero.

Pero, volviendo a los orígenes de la teoría, como fruto de sus observaciones sobre el funcionamiento de los mercados, Kelso llegó a la conclusión de que democratizar la economía es positivo para todos.

Para llegar a esta conclusión Kelso había observado que los trabajadores contribuyen al producto final con su trabajo y son remunerados por ello. Mientras el socio capitalista que aporta la inversión y posee los medios de producción obtiene unos beneficiosos mucho mayores. Esta división lleva al distanciamiento de las clases sociales, unos tienen demasiado y otros demasiado poco. Una desigualdad de este tipo provoca desigualdades aún mayores en la demanda del consumo que no favorecen a la economía en general. La teoría económica de Kelso pretende corregir el desequilibrio entre producción y consumo en su origen, y para ello es importante que los trabajadores puedan ser partícipes de los beneficios generados por su trabajo.

Una manera de expresarlo es hablar de la democratización de la propiedad del capital dentro del sistema de propiedad privada. Al cambiar el sistema de financiación el mercado puede ofrecer más oportunidades para todos.

Avanzando en el tiempo llegamos a la puesta en práctica a gran escala de esta ideología. Margaret Thatcher creía firmemente en las posibilidades que podía ofrecer y puso todos los medios necesarios para que se hiciera realidad.

Con la introducción de la operaciones informáticas en las bolsas los gritos fueron sustituidos por ordenadores, accesibles para todos los ciudadanos y las clases sociales. La desaparición de los aranceles, los monopolios y los obstáculos administrativos, la internacionalización de los mercados, en resumen, la desregularización y liberalización contribuyeron a hacer realidad la ideología del capitalismo popular.

Como consecuencia de esta serie de medidas, la desaparición de las empresas públicas y la privatización permitió generar grandes beneficios, grandes operaciones en las que participaban inversores de todas las clases sociales.

La idea principal era que cualquiera podía convertirse en inversor independientemente de su clase social, sólo era necesario un pequeño capital y grandes ideas.

 

Hoy en día, la desregularización de los mercados es considerada como el origen de la crisis en la que estamos inmersos, para algunos verdad innegable, para otros una interpretación errónea de los postulados de esta teoría.

Margareth Thatcher siempre defendió el endeudamiento, pero dentro de las posibilidades de cada uno y creía fervientemente que debía aplicarse tanto a gobiernos como empresas y particulares. Nunca había que dejarse llevar y ser siempre consciente de las posibilidades de cada uno.

Los que defienden una interpretación errónea argumentan que, con la bonanza económica generada, se tomó la primera parte de la premisa y no se tuvo en cuenta la segunda, porque suponía un freno en las inversiones al que nadie quería prestar atención.

Como podemos ver hoy en día, si se olvida la segunda parte de la premisa, los efectos secundarios son devastadores. El dinero se esfuma, los bancos no pueden recuperar sus inversiones, pero deben garantizar las inversiones de sus clientes, así que cortan las líneas de crédito. Al debilitarse las líneas de crédito, uno de los principales motores del consumo, este desciende vertiginosamente arrastrando al resto de la industria y productores de todo tipo de bienes de consumo. Productores que, a su vez, dejan de poder responder frente a sus inversores.

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