Las capitulaciones matrimoniales

No obstante en editorial previo haber tratado el tema de las capitulaciones matrimoniales en cuanto si estas evitan el nacimiento de la sociedad conyugal, hemos encontrado en la consulta profesional como en virtud de las diferentes inquietudes de nuestros amables visitantes que la simple concepción de la figura sigue siendo obscura y producto de la misma, sus beneficios malentendidos originan reacción a  su acogimiento, razón por la cual teorizaremos sobre el particular.

En este orden, recogiendo elementales definiciones, las Capitulaciones Matrimoniales constituyen una declaración de voluntad dispuesta mediante escritura pública, por la cual, uno, o ambos futuros contrayentes, determinan de antemano el régimen económico del matrimonio o la unión marital de hecho, en cuanto tiene que ver con los bienes propios e individuales que cada uno posee al momento de la celebración de tal declaración.

Partiendo de nuestra idiosincrasia pseudo española, sino se piensa que solo tiene cabida cuando los futuros cónyuges detentan grandes bienes, entonces se le considera una prueba de amor de doble filo, si se accede es una tara, pero si se niega, afrenta la confianza, hasta el punto de dar al traste con prometedoras relaciones sentimentales, cuando precisamente la esencia desde siempre de  las Capitulaciones Matrimoniales es el beneficio general de  las personas en la protección independientemente de la cuantía, de sus patrimonios obtenidos individualmente con esfuerzo, sacrificio y sudor en su vida de solteros, y que de por sí, de manera general, ante la inestabilidad generalizada de los vínculos afectivos, previenen en caso de terminación, la reserva / conservación para sí de dichos bienes, con independencia de aquellos que se adquieran dentro de la comunidad de bienes que se forma con el inicio y durante la permanencia del matrimonio o la unión marital.

De la anterior forma, en el malentendido que CAPITULAR para estos efectos es igualmente sinónimo de rendición, subordinación, sometimiento, resignación, cuando no de ceder, entregar o abandonar,  es que la tradición familiar  ha mantenido que quien ofrece capitulaciones matrimoniales es un debilucho, pero quien las pide es un vivo de miedo, por lo que, va siendo hora que nuestra capacidad gramatical permita la abstracción filosófica de las instituciones legales a niveles no de pragmatismo moderado, sino de virtud humana, para entender que capitular, en el entendido de una relación sentimental, no es una prueba de amor, sino un acto de amor que permite la independencia aun en presencia de la unión, partiendo de aquel aforismo celebre que recuerda “…la fuerza del templo no está en que sus columnas se fundan un una sola, sino en que permanezcan prudentemente distanciadas..”

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