Celia Escobar

Hace dos años fue asesinada Celia Escobar, admirable funcionaria de la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales seccional Neiva, quien era reconocida por su férrea defensa de la administración tributaria, entendiendo que los recursos que dicha entidad recauda son vitales para que Colombia sea un Estado viable.

En su momento, el entonces director de la DIAN Juan Ricardo Ortega enfiló baterías para que la investigación avanzara. No obstante,  quienes en algún momento tuvimos contacto con Celia vemos como la justicia cada día se ve más lejana. Hoy tenemos simplemente un testimonio de un sicario donde culpa a un empresario de la región. Si la situación se mantiene, todo quedará impune. Y la muerte de Celia será una más en un país donde la vida no vale nada.

Por su parte German Garrido,  empresario sobre el cual están puestos los ojos por parte de la autoridades judiciales ha venido teniendo apoyo en redes sociales bajo el lema #YocreoenGermanGarrido, inclusive cuentan con una página web  denominada www.yocreoengermangarrido.com. En ejercicio de su derecho a la defensa y al buen nombre está en todo su derecho para llevar a cabo este tipo de actividades, tanto él como su círculo más cercano.

Lo que sí es reprochable, es que todos quienes conocimos a Celia nos hayamos olvidado de su legado. Recientemente fue inaugurado el auditorio de la DIAN en Neiva con su nombre, pero más allá de ello, al Estado y específicamente a la DIAN le ha hecho falta tomar medidas concretas contra la evasión, cualquier ley que busque sancionar pecuniaria  o penalmente a los evasores  debería llevar su nombre.

Quizá para algunos, este sea un tema más de los tantos que suceden en este país. Pero quienes llegaron a conocer la filosofía de vida de Celia, comprenden la importancia de su legado que está próximo a perderse por la falta de gestión de la entidad para hacer que su muerte no sea en vano.

Siempre me he cuestionado sobre lo que hay detrás de la muerte de Celia, y creo hallar una respuesta no solo en las personas que la asesinaron, sino en todos aquellos funcionarios de la DIAN o contribuyentes que piensan que las obligaciones fiscales se transar con el funcionario y no con la institución.

Dicha cultura hace que algunos siendo parte de la institución reciban dineros de contribuyentes fiscalizados, utilizando a familiares como receptores de dineros. Y de paso hace que quienes interactuamos constantemente con el derecho tributario creamos poder solucionar los problemas pagando para que archiven los expedientes.

Confió en que el legado de Celia no se borre de la memoria al menos, de quienes la conocimos,  mientras viva en nuestras mentes sabremos que existen funcionarios capaces de entregar hasta su vida en pro de un mejor país, y en esa medida mantener la esperanza de que Colombia no será un Estado fallido.

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