Comercio electrónico y títulos valores electrónicos. Contextualización

Comercio electrónico y documentos electrónicos. Expresiones tan comunes que por inercia forman parte de nuestro diario vocabulario, pero realmente las comprendemos...? Veamos: por la primera más o menos entendemos que se refieren a la compra y venta de bienes que se hacen por Internet, en tanto los segundos, como que creemos que son el extracto de la cuenta corriente o el tiquete de avión que nos llegan vía e-mail o que nos genera la pagina web, y quizás con mucha razón pudiéramos estar captando la idea al menos de manera general, pero, y, títulos valores electrónicos....?

Partiendo de un hito más distante pero convergente, debemos referenciar que factores tradicionales de riqueza ligados a la tenencia de la tierra, el dinero físico y las plazas de comercio han dado paso en los últimos 30 años a uno nuevo, el conocimiento tecnológico, hasta el punto que las empresas ya no valen por su mayor o menor numero de activos tangibles, sino por aquello que realmente sean capaces de producir con el mínimo de esfuerzo e inversión, de donde se infiere que una empresa, un profesional, que no inmerse en las nuevas tecnologías, es una empresa, un profesional que por más nombre, historia y trayectoria hubiese tenido, no valdrá nada y no lo reconocerá nadie más que su grupo cerrado de amigos.

Dentro de este contexto, asistimos unos más perplejos que otros al desarrollo de la Internet o  interconneted networks” (“redes interconectadas”), que no es más que "...un conjunto descentralizado de redes de comunicación interconectadas que utilizan la familia de protocolos TCP/IP, lo cual garantiza que las redes físicas heterogéneas que la componen funcionen como una red lógica única, de alcance mundial....", básicamente en cristiano : millones de computadoras interconectadas en una red mundial, como fuente, motor y vida de una nueva economía global de internacionalización de mercados regida por principios unívocos a la vanguardia como realidad económica, pero anquilosada como realidad legal, esta ultima aun dependiente del documento escrito, firmado ante testigos y autenticado con reconocimiento de texto y huella como plena prueba "irrefutable", según nuestra cultura inspirada en vetustos códigos del siglo pasado y anteriores.
De este modo, es así como la Internet que en principio nos ha facilitado la autoformación personal con el libre acceso a bibliotecas, universidades, publicaciones, museos, con mayor poder, nos brinda la posibilidad de acceder a intercambiar toda suerte de bienes y servicios de manera virtual desde la comodidad del lugar donde estemos y aun clic de distancia, por lo que se convierte  a pasos agigantados en el reemplazo del espacio físico como campo de interacción de las relaciones comerciales, llegándose a definir el comercio electrónico ya técnicamente, como " mediante mensajes de datos a través de Internet, se adquieren y pagan productos que son entregados en forma física, o como información digitalizada a través de cuentas de correo..."

De esta realidad del Comercio Electrónico, se deriva la consecuente garantía de dichas operaciones, tal y cual acontece en el escenario físico real, a través de títulos valores, pero esta vez, electrónicos o desmaterializados, documentos revolucionarios que inspirados en la Ley 527 de 1999, la Ley 964 de 2005, y el Decreto 3960 de 2010, nos ocuparemos en próximas entregas.

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