Comercio electrónico y títulos valores electrónicos. El titulo valor desmaterializado en nuestra realidad

Hoy, 15 años después de entrada en vigencia de la  Ley 527 de 1999 marco del comercio electrónico, el único desarrollo normativo frente a la expectativa de los títulos valores electrónicos o desmaterializados se ha decantado a través de la Ley 964 de 2005, y el Decreto 3960 de 2010 modificatorio del Decreto 2555 del mismo año, restrictivamente mediante el fortalecimiento del Deposito Centralizado de Valores, en cuyas entrañas no entraremos por ahora.

En castizas palabras, todos los esfuerzos legislativos, educativos y desarrolladores han convergido únicamente en el fortalecimiento del mercado de valores, entendido según lo precisa la Superintendencia Financiera, como

 "... el conjunto de agentes, instituciones, instrumentos y formas de negociación que interactúan facilitando la transferencia de capitales para la inversión a través de la negociación de valores. El mercado de capitales permite que los recursos se destinen en el mediano y largo plazo para financiar la inversión, por oposición a los recursos de corto plazo que constituyen el objeto del mercado monetario.

A su vez aunque la ley 964 de 2005, no define qué es el mercado de valores, en su artículo 3 establece cuáles son las actividad es que conforman dicho mercado, tales como la emisión y la oferta de valores, la intermediación de valores, la administración de fondos de valores, fondos de inversión, fondos mutuos de inversión, fondos comunes ordinarios y fondos comunes especiales, entre otras..".

Frente al que, un valor, es tal y cual lo reglamenta el Artículo 2o de la Ley 964 de 2005, es "... todo derecho de naturaleza negociable que haga parte de una emisión, cuando tenga por objeto o efecto la captación de recursos del público...", incluyendo las acciones societarias, bonos, papeles comerciales, certificados de depósito de mercancías, cualquier título o derecho resultante de un proceso de titularización, cualquier título representativo de capital de riesgo, certificados de depósito a término, aceptaciones bancarias, cédulas hipotecarias, y cualquier título de deuda pública, es decir, aquellos que líneas previas consideramos en rotular como títulos valores especiales.

Entonces es claro, que al menos por ahora, y quizás en nuestra,  y siguiente generación, en tanto exista papel, de una parte seguirán garantizadas patéticas y paquidérmicas estructuras, procesos, empresas y procedimientos colaterales a la seguridad de este, en tanto de otra, los principios de los títulos valores comunes (ChequeLetra de CambioPagaré, y  Factura ) y estos como hoy los conocemos, permanecerán incólumes, garantizando lenta pero "segura" nuestra actual idea de comercio, y restringiendo el electrónico a la simple conexión de un ofertante con posibles demandantes  de productos o servicios, sin perjuicio de un eventual repunte en la tímida incursión en el pago de obligaciones financieras, y poco, muy poco, quizás nada, de migración de estos títulos valores comunes a una forma "desmaterializada", asegurándose así su " sobre vivencia a pesar de las revoluciones jurídicas, tecnológicas o de conveniencia económica que  imponga el transcurso del tiempo".

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