Cómo leer un texto para aprender de él

Un gran valor de la lectura de un texto,  es el de obtener de él conclusiones para utilizarlas por parte de quien lo lee, en el desarrollo de sus actividades, bien sean de tipo tangible, o de comportamiento, o de socialización, o  en la conformación de sus criterios y opiniones sobre diferentes aspectos de la vida personal, profesional, empresarial, social, política, etc., de su entorno.

Las conclusiones apoyaran la decisión del lector, para hacer o no hacer algo, o pensar una cosa u otra, respecto de esos aspectos.

Como cumplir ese objetivo por medio de la lectura del texto?

Es claro para el suscrito: LEYENDO EL TEXTO, TRES VECES, CADA UNA CON UNA INTENCION DIFERENTE, ASI:

  • Una primera lectura, global, para precisar el contexto, la integralidad, la estructura de presentación y lo que en pocas palabras o frases quiere comunicar el texto : Que temas fundamentales o básicos trata, como los desglosa en que subtemas y ellos en qué orden o secuencia y cuál es el resultado o conclusión en cada uno.

 En esta etapa de la lectura se debe contextualizar el texto y lo que él presenta, con el acervo de conocimientos y experiencias propias y con la necesidad que lo llevó a buscar y leer ese texto específicamente o si es parte de la información que un tercero como un docente o experto le ha recomendado para conocer o profundizar en el tema

Una mirada detallada al índice del texto si lo tiene, y a la introducción y final de cada capítulo, o párrafo si es un artículo corto, puede ser una muy buena metodología.

  • Una segunda lectura, muy detallada, con mucha atención, para conocer el detalle específico de los presentado en cada subtema, especialmente lo que quiere mostrar y con que lo sustenta.
  • Una tercera lectura, para integrar y relacionar lo conocido en la segunda, resumiendo sus conclusiones y procesando interiormente los resultados, ligándolos con su necesidad, con el objeto para el cual leyó el texto. Es en esta parte del proceso en la que se le encuentra sentido a lo que se leyó y uno mismo evalúa que partes y que tan útiles le resultan para satisfacer esa necesidad.

Aun si se trata de una novela bien sea histórica o de ficción, o de una sencilla información, es útil seguir este proceso, aunque como es obvio, el nivel de tiempo y atención invertido en cada uno puede ser diferente.

Obviamente no es lo mismo leer un libro como “Los grandes conflictos socioeconómicos de nuestra historia” de Indalecio Liévano Aguirre, o “El sentido común en la economía Colombiana” de Hernán Echavarría Olózaga, verdaderas obras maestras por el contenido y la presentación, que el libro  con la historia de la Selección Colombia, por bueno que sea, o una descripción técnica de cómo funciona cierto equipo.

Quizás estos consejos sean considerados útiles hasta para quienes han leído un texto como 100 años de soledad, para entender el libro y no perderse en la inmensa cantidad de nombres, parentescos, sitios, y situaciones que describe, así de esa lectura pueda o no surgir o ser muy poco el “aprendizaje”

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