Competitividad fiscal

Hoy en día, un país no sólo debe ser competitivo en educación, tecnología, infraestructura, institucionalidad, cultura, etc., sino que se está imponiendo la obligación de ser también competitivo en el aspecto fiscal como una herramienta para conseguir la anhelada y en muchos casos criticada inversión extranjera.

Y no estamos hablando de paraísos fiscales propiamente dichos, sino de países de los que nadie sospecharía que utilizan la competitividad fiscal para ganar un poco de inversión extranjera.

Estamos hablando de países de primera línea como los europeos que ofrecen bajas tasas de tributación a quienes trasladen allí sus operaciones, sus negocios.

Por ejemplo este puede ser el caso de Irlanda que tiene un impuesto de sociedades del 12.5%, muy inferior a la media europea y a EEUU, además que permite una serie de maniobras con paraísos fiscales por lo que el beneficio de invertir allí puede ser de doble, como puede suceder con las inversiones en las islas bermudas donde el impuesto de sociedades llega apenas al 3.2%.

A este “competencia” se une Holanda (sobre el cuál más adelante abordaremos más en detalle), que por su relación con algunos países caribeños (de las Antillas holandesas), que son casi todos paraísos fiscales, tiene una laxa política fiscal que la hace muy llamativa para que las multinacionales monten allí figuras jurídicas y empresas incluso sin empleados para gestionar sus ingresos.

A esa tendencia se han unido muchos países, incluso Colombia, donde se dan grandes ventajas fiscales a las multinacionales para que inviertan, de manera que estas no tienen dificultades para encontrar un país que esté dispuesto  a cobrarles pocos impuestos con tal que se establezcan en sus territorios.

Esa especie de competencia entre países para ver quien ofrece mejores condiciones a los capitales foráneos, ha permitido a grandes empresas como Apple, Microsoft, Google y demás de su tipo y tamaño, pagar impuestos tan bajos que el mismo congreso norteamericano ha tomado cartas en el asunto ante lo inmoral que se puede ver esta situación ante los ojos del electorado, y ni qué decir de la indignación que ha causado en muchas sociedades el enterarse de las ventajas existentes para las grandes empresas que  a pesar de obtener miles de millones de dólares en utilidades, pagan impuestos que en mucho casos no alcanzan el 1% de sus beneficios,  en tanto que las clases medias son freídas a punta de tributos de toda clase.

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