Conducta tendiente a corromper al otro cónyuge como causal de divorcio

La conducta tendiente a corromper al otro cónyuge o descendientes, o a quienes vivan bajo el mismo techo como causal de divorcio/cesación de efectos civiles de matrimonio eclesiástico. 

Séptima causal establecida en el Artículo 6º de la Ley 25 de 1992, siendo oportuno subrayar cómo esta causal no se limita a proteger al cónyuge víctima en particular, sino se amplía en protección de los hijos propios, del cónyuge, o comunes  ["los míos, los tuyos y los nuestros"], así como alcanzando incluso a cualquier persona que conviviendo bajo el mismo techo, se encuentre al cuidado de uno, o ambos cónyuges, con la salvedad en cuanto a que quien se dirija la conducta corrompedora, debe ser una persona "pura", es decir que no hubiese sido previamente corrompida.

Ahora, el punto clave se enraíza en dos mitades, "...la conducta tendiente a corromper...", por lo que, comenzando por el final, trataremos de delimitar qué debemos entender por "corromper", yéndonos a sus sinónimos más inmediatos aceptados popularmente como "pervertir", "depravar", y, "dañar", unos y otros, extremadamente genéricos y tan amplios de concebir que oscilan desde la conducta sexual inapropiada hasta la incitación a la comisión de cualquier tipo de delito, tanto violento, como de "cuello blanco", e incluso, aún se revisa doctrinariamente si dicha acción de corromper, pervertir, depravar o dañar, pudiese ampliarse aún más allá hacia la salvaguarda de determinadas reglas morales de buena conducta del entorno social, familiar o congregacional del cónyuge víctima, siempre en rescate o protección de los principios y valores universalmente aceptados como pilares y sostén de la familia.

Delimitado lo anterior, volveremos a la segunda mitad y comienzo de la locución,  en cuanto la determinación de la causal legal circunscribe "...la conducta tendiente a corromper...", de donde precisamos que el uso de la expresión tendiente constituye solo un direccionador, de tal forma que para la estructuración e invocación de la causal, sea suficiente la sola propuesta, la simple insinuación, la mera alusión indirecta, es decir, lo que técnicamente denominamos la tentativa, el tratar de, sin que sea necesaria la concreción de la conducta a la cual se invita por el cónyuge culpable, esto es, dicho en elementales palabras, no es necesario el resultado.

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