Cuando los impuestos reemplazan las políticas públicas

El gobierno ha reconocido que la crisis agraria se debe al descuido del gobierno hacia ese sector, a la ausencia de una política agrícola integral y estructurada, pero sorpresa, la solución que han planteado no corresponde a ese diagnóstico, puesto que han optado por solucionar el problema por la vía asistencial  financiada con  impuestos.

El gobierno  optó por mantener e incrementar el gravamen a los movimientos financieros con el fin de solucionar el problema de un sector que carece de una política pública seria. Es decir que trasladó al bolsillo de los ciudadanos la solución de un problema que se ha reconocido obedece a la carencia de una política agrícola.

Se esperaba que la solución empezara precisamente por diseñar esas políticas que garanticen la estabilidad económica del campo, pero ha sido demasiado esperar del ministro de agricultura y del presidente. Han optado por esculcarle el bolsillo a la gente.

Se ha vuelto una costumbre que en lugar de implementar soluciones estructurales para problemas estructurales, se recurra a los llamados “pañitos de agua tibia” que no aportan ninguna solución de fondo, que sólo alargan la agonía de todo un sector que tarde o temprano colapsará por más ayuda asistencial que se le inyecte.

Es difícil creer que se haya optado por imponer más tributos a la gente sólo por comodidad, porque resulte ser el camino más fácil y directo, aunque no lleve a ningún lado. Sin duda esa aparente incompetencia o estupidez esconde una política que si bien perjudica al sector agrícola beneficia a otros sectores respecto de los cuales el gobierno tiene mayor simpatía.

Hace un tiempo un senador de la república afirmó que un ministro le planteó que mientras en Colombia hubiera minas para explotar, lo demás no importaba, y en efecto parece que esa es la única política pública que el gobierno se ha tomado en serio.

Implementar una política agrícola que solucione estructuralmente los  problemas del sector agrícola, implica necesariamente tomar medidas en detrimento de otros sectores y sobre todo, de grandes multinacionales con las que se asumió un compromiso al firmar los tratados de libre comercio, y tal vez por eso se decidió que quienes deben pagar la factura sean los ciudadanos pagando más impuestos. Con seguridad estos no reaccionarán tan fuerte como lo haría Monsato, por ejemplo,  con Obama de padrino.

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