Cuando los incentivos tienen un efecto perverso

Incentivar es una práctica común en muchos aspectos de la vida, desde la vida profesional, laboral e incluso personal, pero hay ciertos casos que los incentivos pueden tener un efecto perverso, inverso a lo esperado.

El incentivo se otorga con la intención de lograr una determinada respuesta de quien recibe el incentivo, algo que puede ser muy útil para mejorar la productividad de un empleado por ejemplo, o de lograr que una persona se implique en alguna actividad como deporte, política, salud, colaboración, etc., y en términos generales el resultado es muy positivo.

Pero no en todos los casos ni en todas las situaciones los incentivos reciben la respuesta esperada, sino que acentúan la respuesta negativa que se quería erradicar con la introducción del incentivo.

Hay un ejemplo clásico de la perversión del incentivo que relatamos a continuación:

Un colegio  infantil, cansado de que los padres llegaran tarde a recoger a sus hijos establecieron una penalización económica por llegar tarde  con la esperanza de que los padres por no pagar un valor adicional fueran temprano por sus hijos, y la respuesta fue la contraria: el número de padres que llegaron tarde por sus hijos se incrementó drásticamente.

Lo que sucedió fue que para muchos padres la “multa” por llegar tarde en lugar de considerarla una penalización, la abordaron como una oportunidad, pues ahora a cambio de un poco de dinero conseguían que el colegio cuidara sus hijos por más tiempo mientras ellos se dedicaban a otras cosas que consideraban más importante. Allí se creó un costo de oportunidad que los padres resolvieron a su favor.

Si la persona puede pagar por hacer algo indebido, lo hará sin considerar las implicaciones morales, porque se la ha dado la oportunidad de  pagar por algo que lo beneficie aunque perjudique a otros.

Otro ejemplo más cercano y familiar de los efectos perversos de los incentivos, es el que ha surgido de los subsidios que los gobierno otorgan a las personas con menos recursos económicos, por cuanto la idea de los subsidios es ofrecer un alivio a las personas para que pueden dedicarse a otros asuntos que luego resulten más productivos al no estar preocupándose por meramente subsistir, pero lo que se consiguió fue que las personas en lugar de buscar trabajo o se formaran en aptitudes nuevas, se sentaran a esperar su ayuda mensual.

Un caso ejemplificaste es lo que ha sucedido en España con el subsidio al desempleo, donde el estado otorga una ayuda económica a quienes están desempleados, y muchas personas por no perder el subsidio no buscan trabajo debido que la precariedad laboral ha llevado a que en muchos casos sea más alto el subsidio que el sueldo que se pueda devengar en ciertos trabajos.

Algunos expertos consideran que los incentivos sólo son válidos cuando se trata de asuntos comerciales, de beneficio económico, más no cuando implica situaciones morales, pue es esos casos, lo económico se impone sobre lo moral con los problemas que ello supone. ¿Que la profesora de mi hijo no pudo almorzar porque no fui temprano a recogerlo? No es mi problema, para eso estoy pagando. Aquí lo económico ha desplazado aspectos morales y humanos que degradan la relación del individuo con la sociedad.

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Una opinión
  1. Cesar Upegui M dice:

    Otro ejemplo de efecto perverso se presenta cuando en algunas actividades laborales por temporadas se han suspendido los incentivos por realizar un número mayor de tareas, generando desgano en el trabajo hasta cuando se anuncie nuevamente el pago o aplicación de los deseados incentivos.

    De allí que sea necesario manejar con prudencia el tema de los incentivos al tiempo que se estimule al personal a una continua productividad, honrando la cualidad de la responsabilidad ante todo.

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