Cuatro gestos de liderazgo

Para un líder resulta crucial desarrollar una imagen de liderazgo y compromiso que lo acompañe en cada una de sus palabras; pero con mucha frecuencia esta imagen es acompañada por gestos ilustradores que no suelen ser los más idóneos.

Existen cuatro expresiones corporales que, utilizados en la dosis correcta, pueden hacer que un líder se muestre a la vez empático y firme, sin resultar ni blando ni autoritario:

El secreto está en las muñecas

La clave para demostrar que se está al servicio de su comunidad o empresa es mostrar las palmas de sus manos.

Eso es fácil de recordar… a menos que incurra en el error de “dejar caer” la mano hacia atrás (quebrando la muñeca), lo que hará que se vea blando y sin firmeza, manipulable y hasta traicionero.  Para acompañar su disposición a la cooperación con una fuerte templanza, mantenga las muñecas derechas.  Esto le acercará a su público y a la vez proyectará fuerza y energía en sus palabras.

Jugar con los ojos

A lo largo de su discurso, debe tomar en cuenta qué expresan sus ojos: cuando los abre, está llamando la atención sobre un hecho; cuando los entrecierra un poco, está demostrando aplomo y firmeza.

¿Cómo emplear estas dos herramientas? Describa la situación actual de su empresa o sociedad abriendo sus ojos con naturalidad; cuando vaya a describir sus acciones al respecto, entreciérrelos un poco.

Los gestos ilustradores, siempre por debajo de la barbilla

¿Cuántas veces hemos visto políticos que hacen gestos amplísimos, de arriba a abajo, que comienzan incluso por encima de su cabeza? Este tipo de gestos trata de crear una sensación de “poder total” junto al discurso, que generalmente es de corte populista.

Quien tiene el control, y no teme ejercerlo, tendrá la templanza para usar ilustradores que no suban más allá de la barbilla; en este caso, su sola presencia debe proyectar autoridad;  no caiga en el error de querer “exagerar” en el ímpetu, ya que restará fuerza a su discurso.

Un ejemplo claro era Hitler, cuyos gestos eran un 91% por debajo de la barbilla, aún cuando el contenido de sus discursos era fuertemente emocional.

Toma las riendas

Un gesto poco común (que debe ser empleado de manera totalmente consciente, en momentos muy concretos del discurso) es el de “tomar las riendas” de la situación.

Coloque las manos de forma que pareciera que sostuvieran una rienda imaginaria, ése es el secreto del gesto: un hombre recio, líder, impetuoso y que aún así no pierde el “control” o las “riendas” de la situación.

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