¿Donde está nuestra carrera?
Portafolio.com publicó la semana pasada un interesante informe sobre las 10 carreras más rentables y las 10 carreras menos rentables, listado donde no aparece Contaduría pública por ningún lado, lo cual puede ser motivo de satisfacción o preocupación dependiendo del punto de vista con que se aborde el tema.
Aunque preocupa que la carrera de contaduría esté lejos de ser bien remunerada, es un alivio conocer que tampoco es la peor remunerada, por lo menos en ese informe; parece ser que se encuentra en un punto medio-bajo.
Esto lleva a pensar que si el contador está mal remunerado, ¿cómo lo estarán aquellos profesionales de las áreas reconocidos como mal remuneradas?
La realidad laboral del contador, es una remuneración que en la mayoría de los casos apenas alcanza los dos salarios mínimos, siendo muchos los que sólo devengan un mínimo y muy pocos los que devengan salarios superiores a 5 salarios mínimos, salario que debería corresponder al esfuerzo, dedicación y responsabilidad que se requiere para ser Contador público.
Lamentablemente, parece ser una constante que los salarios, sin importar la profesión, sean bajos y con tendencia creciente a la baja, lo que hace pensar que en el futuro tendremos que enfrentar un oscuro panorama laboral.


Es el cruel panorama que padecemos los contadores colombianos. Lo que dice el colega “Hiniciado” es verdad, pues en la actualidad, casi todas las universidades del país cuentan dentro de sus programas con la carrera de Contaduría, de dia y de noche, y algunas también profesionalizan a los que estudian un programa a nivel intermedio creo que llamado licenciatura contable, o algo así, por lo cual han sobre-saturado la profesión. Pero nos ha faltado líderes políticos dentro de la profesión que luchen para que se restrinjan los cupos en las universidades para estudiar esta carrera, hasta que se logre un equilibrio entre la oferta y la demanda de profesionales contables, y ha faltado union del gremio para lanzar y apoyar a un colega que defienda nuestros derechos en el congreso de la república, que es donde se hacen las leyes ( y que muy pocas veces son para defendernos), lo mismo que para que las entidades del gobierno respeten los cargos que son de manejo de contadores, pues en ellos encontramos personas que no tienen absolutamente ningun conocimiento contable, como abogados, ingenieros, etc), y todo por no tener representantes nuestros en las instancias donde se hacen las leyes.
Bernardo O.
Donde está nuestra carrera?
Apreciado Edinson:
Mi edad me ha permitido ver bastante de cerca la evolución desde 1973, de la profesión de contador público en Colombia y en otras latitudes.
He conocido el auge de varias universidades capitalinas (me refiero a Bogotá) que orgullosamente y en momentos diferentes de la historia, le han aportado (y algunas lo siguen haciendo) prestigio y reconocimiento a la profesión. Recuerdo lo importante de la U. La Gran Colombia junto con la U. Nacional en la década de los 70′s y el reconocimiento que tuvo la U. Externado durante casi una década en los 80′s como la mejor facultad de contaduría del país. Imposible desconocer el aporte de las universidades religiosas como la Javeriana (donde no existe la habilitación de materias y solo se gradúan tres, cuatro o cinco contadores por promoción) o como la U. de la Salle o como la U. Santo Tomás y estoy seguro que cada una de la diferentes universidades del país ha hecho lo propio en su momento. Pero no las podría mencionar absolutamente a todas; solo aquellas de las que tengo conocimiento de causa y que recuerda me memoria cana.
Por 1975 las matriculas profesionales no superaban las 5,000 y fui testigo de la fuerza que tenía la profesión en los diferentes ámbitos. Los contadores nos mirábamos por aquella época en los espejos que ofrecía la profesión en Estados Unidos y México donde los contadores estaban cerca de ser la profesión mejor remunerada, mientras que nuestros profesionales criollos ganaban importancia y respeto pero poco dinero en las diferentes empresas.
No podemos dejar de lado que las generaciones de contadores de aquellos años estaban siendo formadas en buena medida por contadores empíricos (otrora quienes fueran “Autorizados” por la Ley 145/60 para ejercer), personajes surgidos de la práctica contable, figuras adustas y de rigor casi militar, pero definitivos en la formación de las nuevas generaciones.
Ya en los 80’s y 90’s presencié la exitosa participación de muchos profesionales de la contaduría en juntas directivas y también como miembros de directorios empresariales, cuando apenas unos años atrás el contador solo debía preparar la información financiera para que otra persona fuera la que hiciera la presentación de su trabajo ante las juntas directivas.
Era tan evidente la fuerza que había tomado la profesión, especialmente en el exterior, que en 1982 fue objeto de un gran “bestsellers” escrito por el joven periodista norteamericano Mark Stevens (de apenas 27 años en ese momento), el cual tituló “Las Ocho Grandes”. En este “bestsellers” se hablaba del indiscutible poder que ejercían las multinacionales de auditoría en el mundo entero. Se mencionaba incluso que ninguna decisión de carácter económico o financiero, incluidas las que se tomaban en la Casa Blanca o las tomadas en el Palacio de Buckingham, escapaban al poder y a la ingerencia de estas trasnacionales lideradas por contadores públicos. Se vivía una época de oro; prestigio, buenas posiciones y desde luego muy buenas remuneraciones.
Recuerdo que, alusivo al tema de las ocho grandes, se acuñó una frase que decía:
“Contador que llegare a ser socio de una firma, conseguirá que ni sus hijos, ni los hijos de sus hijos, ni los hijos de estos últimos pasen un solo día de necesidades.”
Frase que significaba tanto la importancia como la excelente remuneración que alcanzaban estos colegas.
Por el mismo año 1982, lamentablemente nuestro panorama financiero nacional sufrió un revés y desde luego fue bastante diferente al resto del planeta. Los colombianos teníamos en las manos la papa caliente de la crisis financiera del 82 (“al gobierno conservador de turno le correspondió nacionalizar al grupo financiero más importante del país, hacerse al Banco del Estado, liquidar al Banco Nacional y a otros intermediarios financieros ligados a él e intervenir al Banco de Bogotá -el segundo del país- y al Banco Tequendama”)[1] de la cual tristemente no salieron muy bien librados que digamos algunos colegas contadores públicos. Varios de ellos incluso terminaron en la cárcel.
A mediados de los 80’s se percibe un repunte en el ejercicio de la profesión a nivel nacional. Para entonces las matriculas profesionales en la Junta Central apenas llegaban aproximadamente a 25,000, pero paralelamente se veía una proliferación desmedida de facultades de contaduría por todo el país. Algunas de ellas recuerdo, iniciaban la carrera hasta con 6, 7 u 8 grupos de 40 o 50 estudiantes en primer semestre y contaban entre sus docentes con “profesores taxímetro” (por la época se le decía a los profesores que debía trabajar hora cátedra en varias instituciones para conseguir una remuneración digna), es decir, se prescindió del profesor de planta o de tiempo completo porque no resultaba rentable, con el consecuente deterioro en la calidad de la formación en la carrera. El resultado, oleadas de grados multitudinarios y matrículas para el ejercicio profesional incrementadas vertiginosamente. Es decir, se producían mas contadores de los que requería nuestra modesta economía y en un abrir u cerrar de ojos el mercado ya estaba saturado.
Como anécdota recuerdo el anuncio de un empresario en una de las carteleras de la facultad donde me formé, el cual decía más o menos así:
“Atención contadores:
Importantísima empresa de primer nivel, del ramo de los servicios, ofrece una posición para un estudiante de décimo semestre y muy próximo a graduarse, para laborar en horario de 8am a 6pm y los sábados hasta la 1pm. Con frecuencia hay necesidad de trabajar en jornada extendida como parte del compromiso con laboral. La empresa considerará los dos primeros meses como prueba y si el candidato cumple nuestras expectativas, es posible que le asignemos una remuneración. Favor comunicarse con xxxx”
El famoso anuncio me hizo protestar airadamente ante mi decano, porque además de ultrajante me pareció enmarcado dentro de una total ignorancia de quien lo publicaba, pero lo mas desmoralizador fue que 3 de mis compañeros de mi universidad se presentaron como candidatos a la dichosa posición ofrecida.
Desde entonces he tenido la oportunidad de conocer los dos extremos de la cabuya; he visto contadores premiados por su esfuerzo, su entereza, su intelecto, su erudición y su ética, en posiciones destacadas y con remuneraciones que superan los $30 ó $40 millones de pesos al mes; pero también he tenido que ver colegas en muy modestas colocaciones y devengando los muy de moda y mencionados “salarios integrales” de $200 ó $250 mil pesos al mes, cifra que resulta ser la mitad de un salario mínimo legal mensual y que en ciertos círculos académicos eso y mas, es lo que le reconocen a un conferencista por una hora de su charla.
Todos los días veo abundantes e indignantes ofertas de trabajo para contadores y en muchas de ellas se destacan como requisitos importantes juventud y grado reciente (sinónimos de poca experiencia) y tener matricula profesional (porque los buscan solo para firmar balances estados financieros pagándoles dos pesos), lo cual no es otra cosa que el resultado de las leyes del mercado al haber mucha oferta de mano de obra y poca demanda.
La verdad hoy no sabría que contestar a la pregunta “Donde está nuestra carrera?”, pero las hay peores (para consuelo de tontos).
He dicho,
Hiniciado