¿El contrato de fianza puede ser oneroso?

Lo que destaca a la fianza principalmente es su carácter accesorio, ya que depende de la existencia de un contrato principal para poder existir, por ejemplo en un contrato de mutuo se puede exigir un fiador, para que este responda al acreedor en caso de que el deudor no lo haga, en este caso estamos frente a la fianza convencional la cual se constituye por un contrato, a lo que le debe dicho nombre.

Siguiendo con el tema de la fianza convencional, dadas la implicaciones que genera el hecho de ser un fiador, pues este se compromete a responder por la obligación del contrato en caso de incumplimiento del deudor principal, es apenas lógico que exista la posibilidad que el fiador pueda obtener una remuneración o una recompensa por haber adquirido en el contrato tal responsabilidad.

El código civil en su artículo 2367 establece la fianza remuneratoria, la cual consiste en una estipulación entre el deudor y el fiador para que este último reciba una remuneración por servir como fiador; dicho artículo señala lo siguiente:

“El fiador puede estipular con el deudor una remuneración pecuniaria por el servicio que le presta”.

Pese a que existe la posibilidad de que la fianza pueda ser remuneratoria, esto no le impide que sea gratuita, aunque en realidad con los riesgos que asume un fiador, este debería ser retribuido siempre por prestarse para asumir la responsabilidad por el cumplimiento de una obligación de la cual ni siquiera ha obtenido un beneficio, pues el fiador siempre es una persona ajena al contrato que no goza de las bondades de este, sino que simplemente presta su nombre para que su patrimonio responda en caso de que el deudor principal no lo haga.

Pese a que existen figuras que protegen al fiador como es el beneficio de excusión a través del cual este puede solicitar al acreedor que antes de proceder en su contra se persigan los bienes del deudor principal, o las otras garantías que este haya prestado para la seguridad de la obligación, tales como prendas e hipotecas, esto no garantiza que el deudor no se encuentre en insolvencia a la hora de que el acreedor persiga sus bienes.

Además este beneficio es muy limitado en el sentido que solo puede ser intentado una vez; si dicho beneficio no produce efecto respecto a los bienes señalados por el fiador, no puede este posteriormente señalar otros, a menos que de manera posterior hayan sido adquiridos por el deudor; ser fiador es una labor muy arriesgada pues se puede ver afectado nuestro patrimonio por obligaciones ajenas.

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