El estado castiga el emprendimiento con altas cargas de tributación

El desarrollo económico de un país depende en gran medida del emprendedor, del pequeño empresario que se autoemplea o genera unos cuantos empleos, pero el estado en lugar de privilegiar este sector, lo castiga con fuertes cargas impositivas.

Un emprendedor es aquella persona que se idea un negocio, no importa cuán novedoso o sofisticad sea; importa que genera empleo para sí mismo y para su familia y tal vez para algunos amigos.

Este microempresario, que apenas puede sobrevivir al reto que impone un mercado plagado de competencia, se le obliga a declarar renta mucho antes que a un asalariado, por ejemplo.

Un emprendedor que tenga ventas diarias de $100.000 tiene que declarar renta, por lo menos si tomamos en cuenta los valores vigentes para el 2010 y 2011. Y 100.000 pesos de ventas diarias es una miseria, ni siquiera permite obtener una rentabilidad que garantice un ingreso promedio mensual de un salario mínimo, pero aún así, debe declarar renta, una monstruosidad sin duda.

Se puede alegar que estos microempresarios declaran pero no tienen que pagar impuesto de renta, pero eso resulta ser falso en muchos casos, toda vez que estas personas generalmente trabajan informalmente, sin llevar contabilidad ni observar las normas tributarias pues las desconocen, lo que lleva a que la Dian en una investigación le rechace casi todos sus costos y deducciones, les haga pagar un enorme impuesto e intereses y les imponga una abrumadora sanción.

Afortunadamente esos miles de emprendedores desconocen el peligro que se esconde en nuestro sistema tributario y al ignorarlo no temen emprender, pero no pocos son arruinados por un sistema diseñado para perseguir a quien se atreve buscar la autosuficiencia económica.

Esta sociedad, cultural y legalmente  está diseñada en todas las formas para ser asalariada, ojala para que no gane ni reclame más de un salario mínimo. Y quien se atreva a emprender así sea en escala micro, será duramente castigado.

PD. Conocimos el caso de un emprendedor sin formación académica (escasamente sabe firmar)  que tenía 1 hectárea de tierra  que destinó para crear aves de corral y comercializar directamente. Las ventas en el 2005 fueron de $34.000.000, todas a una empresa que reportaba información exógena. No declaró, fue requerido por la Dian y hoy le ha sido embargada su parcela entre la Dian y un banco. Ese emprendedor hoy está en la calle y sin trabajo, y por supuesto con una firme decisión de no volver a emprender.

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