El estado no pierde todo cuando las deudas tributarias del contribuyente prescriben

Cuando el estado no cobra los impuestos a los contribuyentes dentro de la oportunidad legal, estas deudas prescriben, pero en realidad el estado no pierde la totalidad de la deuda dejada de cobrar.

La razón de ello es que al prescribir una deuda tributaria, el contribuyente ya no está en la obligación de pagarla, de suerte que ese pasivo se extingue, lo que implica que se convierta en ingreso, ingreso que está gravado con el impuesto a la renta.

Toda deuda del contribuyente debe estar registrada en el pasivo, incluso las deudas tributarias, de suerte que si estas no se pagan por la ocurrencia del fenómeno de la prescripción, dicho pasivo se debe “desaparecer” del balance general, y para ello es preciso convertirlo en un ingreso, ingreso no operacional que se tendrá que declarar, y por supuesto que habrá que tributar sobre él, de modo que el estado terminará recuperando parte de lo que con anterioridad no pudo cobrar.

Claro que eso sucede siempre que la deuda tributaria prescrita esté registrada en la contabilidad, algo que debe ser así en observancia de del artículo 81 del decreto 2649 de 1993 que obliga reconocer en la contabilidad las posibles contingencias.

Ahora, si el contribuyente no tiene esas deudas registradas en la contabilidad, no será posible que puedan ser convertidas en ingreso, puesto que al no estar dentro de la estructura financiera de la empresa, no habrá forma de incorporarlas como ingreso, y en ese caso el estado sí perdería la totalidad de la deuda.

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