El impuesto no es impuesto y el secuestro no es secuestro

Existe una campaña mediática con el fin de que a los secuestrados no se les llame secuestrados sino retenidos ilegalmente, como cuando no se le leen los derechos a quien va a ser capturado, y ahora al presidente se la ha ocurrido pedirle al congreso que cambie  el nombre del  impuesto a la impuesto a la riqueza, para que se llame impuesto contra la pobreza, o contribución contra la pobreza.

Demagogia pura y dura. Populismo barato y descarado. Es como querer sacar a los pobres de la pobreza enviándolos a vivir junto a los ricos. Juegos de palabras para crear una imagen distinta a la realidad y para ganarse los votos de esa mayoría colombiana que históricamente ha vivido en la exclusión social y económica y que está ávida de revancha.

La reforma tributaria que cursa en el congreso y que se está  aprobando sin discusión, a pupitrazo limpio, a golpe de talonario, aceitada con mermelada, ha causado gran disgusto entre los empresarios que son quienes tienen que pagar los impuestos, porque eleva considerablemente la carga tributaria más allá del punto donde deja ser interesante invertir y arriesgar capital. Eso de trabajar para que le quiten la mitad de lo ganado no es una forma de generar crecimiento. Es más negocio recoger capital e invertirlo en Wall Street o en Panamá, o en cualquier país menos en Colombia.

Altos impuestos unidos a extorsiones por parte de guerrilla y delincuencia hace que sea inviable pensar en crear empresa. Sí señor, en tres cuartos de  Colombia no hay empresa que pueda funcionar libremente si no ha pasado por la caja de algún jefe delincuencial o guerrillero. Frente a ese panorama las empresas que  ya están creadas,  si no se pueden deslocalizar  apenas sobrevivirán, y no habrá interés en crear nuevas empresas. Y eso no es crear riqueza, es engendrar pobreza.

Al pobre le es inútil que al rico le cobren impuestos para que luego los políticos se los gasten en comprar elecciones y en pagar favores a contratistas que  luego dejan las obras a medio hacer luego de cobrar dos o tres veces por ellas; al pobre le sirve si  existen empresas que le den empleo, y como lo está haciendo el gobierno no habrán empresas para crear empleos. Por supuesto que  otorgando empleo no se compran votos, los votos se compran el día de las elecciones con 50.000 o 100.000 pesos, o tal vez un almuerzo, o unas hojas de zinc o algunos bultos de cemento, es que aquí todo es mermelada, y con base a ella se toman decisiones políticas, fiscales y económicas. Aquí no importa generar crecimiento a mediano y largo plazo y de forma sostenida. Aquí sólo importa es cómo financiar las siguientes elecciones y cómo asegurarse una coalición de políticos que apruebe por unanimidad lo que al jefe se le ocurra.

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