El lenguaje corporal y las relacionas personales

El lenguaje corporal es innato en los humanos, pues viene pre-programado en nuestro cerebro y es incluso más antiguo que el lenguaje hablado. Aunque una correcta expresión verbal nos ayudará mucho en nuestras carreras, no podemos subestimar la importancia del lenguaje no verbal o corporal en nuestras vidas.

El lenguaje corporal puede llegar a ser un factor determinante en cómo alguien nos hace sentir, pues su lenguaje corporal rige la forma en que las personas piensan sobre usted. Recientes estudios de las más prestigiosas universidades del mundo comparten visión sobre cómo debemos usar correctamente el lenguaje corporal en el trabajo.

Tu lenguaje corporal expresa más emoción que tu cara

Aunque siempre hemos juzgado el estado anímico de una persona por su expresión facial, puede que hasta ahora estuviésemos equivocados.

Un estudio realizado en Princeton, en el que una serie de sujetos debía juzgar el estado de ánimo de alguien mediante una serie de fotografías (algunas mostraban sólo el rostro, otras sólo el cuerpo y algunas lo mostraban todo), demostró que el juicio era siempre más acertado si el sujeto podía ver el cuerpo entero.

Se demostró que las emociones extremas (gran alegría o gran dolor) eran muy difíciles de distinguir en la cara.

El lenguaje corporal no es algo que aprendamos con el tiempo, pues la gran mayoría de expresiones emocionales ya vienen programadas en nuestro sistema: como pudieron observar durante el estudio de atletas ciegos, que imitaban los gestos de victoria de otros atletas sin jamás haberlos visto.

Cómo nos cambia el lenguaje corporal

El lenguaje no verbal parece especialmente bueno en el ámbito del trabajo, donde su conocimiento es una fuente de posibilidades sin límites.

Existen diferencias entre poses de “poder” (brazos abiertos, piernas cruzadas sobre las rodillas, brazos cruzados detrás de la cabeza, brazo apoyado en la silla contigua…) y las poses de “no poder” (cuerpo encogido, mirada al suelo, piernas muy juntas, brazos cruzados sobre el pecho…).

El descubrimiento que han realizado estas universidades es que un simple cambio de postura nos puede hacer sentir mejor.

El estudio demuestra que con tan sólo cambiar de una postura de “no-poder” a una de “poder” se realizan una serie de cambios a nivel fisiológico; estos cambios tienen que ver con las hormonas, como la testosterona y la cortisona.

La clave para conseguir estos cambios fisiológicos está en fingir hasta que resulte cierto, trabajando con las posturas hasta programarse para sentir esos cambios a nivel fisiológico.

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