El trabajador no tiene derecho a laborar horas extras, pero sí a que se le paguen las laboradas

Existe entre algunos trabajadores la idea equivocada de que trabajar en tiempo extra o en domingos y festivos es un derecho que la ley les reconoce y que por ello el empleador está en la obligación de permitírselo.

La inconformidad se hace generalmente visible en aquellos casos en que el trabajador ha venido de tiempo atrás laborando en horas extras o en días de descanso obligatorio y de pronto el empleador le notifica que en adelante su actividad se limitará a la jornada ordinaria, en atención a que, por ejemplo, se han redistribuido las funciones, se ha ampliado la nómina de personal, o porque sencillamente serán otros trabajadores los que pasarán a cubrir ese trabajo adicional.  Igual sucede en aquellos eventos en que el trabajador es trasladado a otra área o dependencia en la que no se hace menester laborar en tiempo suplementario.

En esos casos, es común que el trabajador ahora desprovisto de esos ingresos adicionales que le representaba el trabajo extra, se sienta perjudicado, y asuma el papel de víctima de atropellos y persecuciones, a quien se la rebajado injustamente el sueldo.  Y es entendible la angustia que en esos casos le sobreviene al laborante, pues ya se había acostumbrado a unos ingresos “artificiosamente inflados”, que muy seguramente lo habían inducido a adquirir obligaciones o compromisos añadidos,  no susceptibles de cubrirse con el mero sueldo básico. He conocido casos en que el trabajador ha rechazado traslados, e incluso ascensos, debido a que en el nuevo cargo que se le ofrece no hay lugar a trabajar en horario extra.

Lo anterior deja ver lo perjudicial y nocivo que en ocasiones puede resultar siendo el trabajo de horas extras y en días feriados. Eso desde el punto de vista económico y del clima organizacional.

Y qué decir de los efectos negativos que conlleva para la salud física y mental del trabajador la extensión de la jornada de trabajo, y de las perniciosas repercusiones que la misma produce al interior de su familia.  Padres que por estar apegados a unos cuantos pesos extras se privan del enorme placer de ver crecer sus hijos, llegan a casa tarde cuando los niños ya duermen y salen de ella temprano, antes de que ellos despierten, el desastre.  Más tarde, esas ausencias les dolerán … a ambos!!!

Durante más de 100 años los trabajadores del mundo estuvieron luchando  por conquistar un espacio para el descanso, por lograr la jornada de trabajo de que disfrutan los trabajadores de hoy: 8 horas de trabajo, 8 horas de recreación y 8 horas de descanso. Tantos sacrificios, tantos obreros muertos en esa lucha, tantos esfuerzos por rebajar la jornada de trabajo a 8 horas para ahora querer permanecer más tiempo en la empresa a cambio de más plata.  Jornadas de trabajo de 12 y 24 horas son una vergüenza y una afrenta a la dignidad del trabajador.

No, el trabajo en horas extras no es ningún derecho del trabajador, no existe ninguna norma legal que así lo establezca. El trabajo extra al igual que el dominical y festivo fue acogido por la ley con recelos, con limitaciones, con desgano podríamos decir. El trabajo en tiempo suplementario cuando deja de ser ocasional o eventual y se vuelve una práctica permanente o habitual deja de ser legal y se convierte en un elemento perturbador imposible de justificar.

Y es que ese trabajo, al igual que ocurre con la compensación en dinero de las vacaciones, contraría principios fundamentales consagrados en nuestra Constitución, como el derecho al descanso.

Sin lugar a dudas hemos entendido mal el concepto de descanso y por eso lo subestimamos, lo hemos reducido a la simple inactividad, al no hacer nada o hacer poco, y desde esa perspectiva lo sentimos susceptible de negociarse, pero la noción va más allá, tiene otras connotaciones.   La Corte Suprema de Justicia se encargó de recordárnoslo en una interesante sentencia.

Así lo dijo la Corte:

“(…) Antes bien, advirtiendo que la relación laboral trasciende con creces los linderos meramente económicos, el derecho al descanso aparece como un imperativo reconocido históricamente por las diferentes legislaciones del mundo, merced a la lucha que los asalariados han protagonizado desde los albores del régimen de producción capitalista. La conquista de los trabajadores en torno a un horario predeterminado para la realización de sus labores, engendró a su vez el derecho al descanso diario, de suerte tal que, de una parte se fue racionalizando el número de horas de trabajo en aras de una utilización menos gravosa de la fuerza de trabajo empleada por el patrono, y por tanto, en beneficio del trabajador mismo; y de otra, esa limitación de la jornada laboral permitió la apertura de un mayor espacio para que el trabajador pudiera reparar sus fuerzas, compartir más momentos con su familia y, de ser posible, abordar actividades lúdicas en provecho de su corporeidad y de su solaz espiritual. Por ello mismo, pese a las restricciones propias de la relación laboral, actualmente, el derecho al descanso conviene entenderlo como la oportunidad que se le otorga al empleado para reparar sus fuerzas intelectuales y materiales, para proteger su salud física y mental, para compartir con su familia mayores y mejores espacios de encuentro fraternal, para abordar actividades idóneas al solaz espiritual, para incursionar más en la lectura y el conocimiento, y, a manera de posibilidad estética, para acercarse paulatinamente al hacer artístico en sus múltiples manifestaciones. Sin desconocer que tales propósitos requieren para su materialización de apoyos institucionales que envuelven lo económico, al igual que el aporte personal que cada cual pueda y quiera hacer en pro de sus intereses y de la familia de la cual forme parte. (…)”

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2 Opiniones
  1. JUAN RUA MARTINEZ dice:

    Buenas tardes.
    Con lo del trabajo en tiempo extra sucede lo mismo que con la jubilación. Cuando llegamos a cierta edad madura comenzamos a hacer conteo regresivo ante la posibilidad de jubilarnos para descansar, para dejar de cumplir horarios, para ejercer otras actividades, viajar, compartir más con la familia, etc. Pero cuando cumplimos con los requisitos entonces deseamos alargar la permanencia como trabajadores activos, en algunos casos sin tramitar ex profeso la correspondiente pensión aun cumpliendo con los requisitos para ello, quitando con este comportamiento la posibilidad laboral a una persona joven y tal vez más necesitada que nosotros que ya adquirimos cierta estabilidad financiera. Son cosas que suceden más frecuentemente de lo que nos imaginamos.

  2. Fernando Rey Mantilla dice:

    Hasta por cuantos periodos se puede prorrogar un Contrato a Termino Fijo.????????

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