¿Es legal que un contrato de trabajo mute en un contrato de servicios?

Hay ocasiones en que inicialmente se firma un contrato de trabajo pero luego las partes acuerdan que la relación de trabajo continúe bajo un contrato de servicios. ¿Este cambio puede considerarse legal?

Esa mutación de contrato de trabajo a contrato de servicios no necesariamente es ilegal, puesto que mientras las condiciones en que se desarrolle la nueva forma contractual sean propias de estas, no existe inconveniente alguno. El problema surge cuando la realidad presente en la ejecución del contrato no cambia con el cambio del tipo de contrato. En ese caso es obvio que la nueva forma contractual no se adecua a las actividades que se vienen desarrollando, y sobre todo, en la forma en que se desarrollan.

Es evidente que si el único cambio que se percibe tiene que ver con que el contrato pasa a denominarse de trabajo a servicios, existe una deliberada intención de defraudar la ley, esto es, simular un tipo de contrato cuando el fondo es otro el que ese está desarrollando, y en este caso se dan los supuestos para considerar la existencia de un contrato de trabajo realidad.

La Corte suprema de justicia en sentencia 23987 del 16 de marzo de 2005, con ponencia del magistrado Gustavo José Gnecco Mendoza manifestó:

El numeral 2 del artículo 23 del Código Sustantivo del Trabajo, subrogado por el 1° de la Ley 50 de 1990, contiene una importante regla de juicio, probatoria, que protege los fundamentales derechos que emanan de la relación laboral: una vez reunidos los tres elementos que la tipifican, dice la norma, se entiende que existe contrato de trabajo, que no deja de serlo, añade, por razón del nombre que se le dé ni de otras condiciones o modalidades que se le agreguen.

Esa regla de juicio le enseña al juez laboral que debe desatender el simple rótulo formal o aparente que se le asigne a los contratos y los documentos que oculten la relación de servicio personal subordinado con nombres o menciones propias de otros contratos.

Cuando las partes han estado vinculadas por medio de un contrato de trabajo y en seguida, sin solución de continuidad, aparece sorpresivamente la celebración de un contrato civil y la utilización de formas propias de ese contrato, puede constituir un total desconocimiento de la regla de juicio del citado artículo 23 del Código Sustantivo del Trabajo y, asimismo, del principio constitucional de la primacía de la realidad, admitir la novación del contrato al dar por demostrado ese hecho con base exclusiva en los medios probatorios escritos que no acrediten la forma como el trabajador prestó sus servicios.

En esos casos la aludida regla probatoria debe ser rigurosamente seguida. El juez debe observar si existe un motivo para admitir el sustancial cambio de la relación y si la independencia jurídica está probada con medios de convicción que le permitan ver, con toda claridad, que la subordinación laboral en efecto cedió ante una total independencia jurídica propia de los contratos civiles, mercantiles y de otro orden (el mandato, la prestación de servicios independientes, la procuración, la agencia, etc.). El rigor en esta materia es ineludible, porque decisiones judiciales que sean tolerantes invitan a evadir el cumplimiento de la ley laboral y a permitir que el beneficiario del servicio aproveche la necesidad del trabajador dependiente para imponerle condiciones que lo perjudican inmediatamente y que afectarán el legítimo disfrute de sus derechos laborales reconocidos por la ley y su seguridad frente al riesgo de vejez, con grave daño no sólo individual sino social.

Se advierte claramente que  el cambio de contrato es válido siempre que la realidad del mismo cambie en función del nuevo tipo de contrato, y ese cambio debe ser sustancial, evidente.

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