¿Es posible la formalización laboral de los recolectores de café?

Durante las negociaciones del gobierno nacional con los representantes de los cafeteros para levantar el paro el ministro de trabajo sorprendió con la exigencia para que los cafeteros formalicen a los recolectores de café, ¿es ello posible?

Formalizar laboralmente a un trabajador implica afiliarlo al  sistema de seguridad social (salud, pensión y riesgos laborales) y pagarle prestaciones sociales (prima de servicios, cesantías y otorgarle vacaciones). Es lo que la ley laboral manda y es lo que debería hacerse sin lugar a dudas, pero parece ser que en este  y otros muchos casos, la realidad riñe con lo que la ley contempla.

La realidad de la gran mayoría de los cafeteros no es la que se muestra en los comerciales de Juan Valdez. La gran mayoría de cafeteros son minifundistas que no tienen  más de una hectárea de café que como veremos a continuación no le permite obtener ingresos ni siquiera para sustentar a su propia familia, que en las zonas rurales está compuesta por 5 o más personas.

El precio de la carga de café es de aproximadamente $515.000 aunque como veremos más adelante, la federación y los comités de cafeteros pagan mucho menos que eso.

Una hectárea de café puede producir aproximadamente 30 cargas de café  al año. Sólo en casos excepcionales se llega a producir más, pero no es la constante de la mayoría de los caficultores.

Eso significa que un caficultor promedio percibe ingreso de un poco más de $15.400.000 al año, ingresos que por supuesto son brutos pues hay que restarle los costos de plantación, producción y recolección.

Para producir esas 30 cargas de café, al  año hay que suministrarle al café por lo menos 30 bultos de abono que tiene un precio promedio de $80.000, valor que puede incrementarse dependiendo del costo de transporte según la ubicación del cafetero. Aquí tenemos ya unos costos anuales de 2.4 millones de pesos.

La recolección de cada carga de café, que es lo que se la paga a quien recolecta el café de las matas una vez este madura, es de aproximadamente $200.000  por carga, lo que da un costo de $6.000.000.

Adicionalmente, para combatir las diferentes plagas que afectan al café hay que invertir aproximadamente $1.000.000  por hectárea en insecticidas y actividades de control de plagas.

Hasta ahora se tienen unos costos de $9.400.000 que restados a los 15.400.000 de ingresos, nos da unos ingresos anuales de $6.000.000, pero aquí no están todos los costos, puesto que no se han incluido los costos en que incurre el caficultor para poner en producción su cafetal. Estos son los costos en que se incurre luego que el café ya está en plena producción y para que eso suceda, se requiere de 3 años de constante inversión con cero ingresos por lo que no es de sorprendernos cuando los cafeteros afirman estar trabajando a pérdidas.

Como se puede observar, el caficultor promedio tiene ingresos netos inferiores a un salario mínimo mensual  lo que no es suficiente ni siquiera para alimentar a una familia de 4 o 5 personas mucho menos para procurarse su propia seguridad social. ¿Acaso existe algún campesino que se haya pensionado? Un campesino a los 75 años debe seguir trabajando como cuando tenía 20 años para poder comer. El caficultor y cualquier otro agricultor viven casi en la miseria. Esa es y ha sido siempre le suerte de la gente en el sector rural.

Ese ingreso promedio que aquí hemos determinado sin ser rigurosos (a vuelo de pájaro como diría un caficultor), no incluye el costo  el trabajo diario que el caficultor y su familia deben hacer durante todo el año de forma peramente, ni los elementos que se deben adquirir para desarrollar la actividad. Ese irrisorio salario de menos de un mínimo es la remuneración por todo un año  de trabajo de toda una familia.

En esas condiciones económicas es imposible y hasta risible que el gobierno pretenda aplicar la ley laboral al caficultor. Ello sería absolutamente imposible. El caficultor simplemente no podría contratar recolectores de café por que las pérdidas serían imposibles de asumir. Sería el fin de la caficultura en el país.

La constitución obliga a que el estado provea salud y  educación a todos los colombianos, pero económicamente es imposible lograr una cobertura del 100%. Simple y llanamente no hay plata para tano. Exigirle al campesino que aplique la ley laboral es tan absurdo como pedirle al estado que pensiones a todos los colombianos mayores de 65 años o que pague la salud de los 50 millones de habitantes que ya casi somos. Eso no es posible.

Y la situación el cafetero no es distinta del que cultiva cebolla, papa y cualquier otro producto agrícola cultivado por el campesino colombiano que se caracteriza por ser minifundista. Distinto es hablar de las multinacionales que siembran palma africana que incluso reciben subsidios del estado de muchos ceros. Y es la misma situación del restaurante o tienda de barrio que apenas logra generar el ingreso para complementar lo que requiere una familia para sobrevivir. Esa es la situación del 80% de los colombianos que viven en la pobreza.

La corrupción de la federación de cafeteros y los comités de cafeteros departamentales

Habíamos dicho que el precio aproximado por carga de café es de $515.000 pero que la federación no paga ese valor. Paga mucho menos por lo que las cuentas que se hicieron sobre ingresos anuales de 15  millones dan mucho menos que eso.

El precio de la carga de café se paga según la calidad del café que se mide por factores, y  cuando el caficultor lleva su café a la federación, allí someten su producto a un intenso control de calidad (superior al estándar) por lo que nunca le otorgan el máximo factor que da derecho a recibir el precio oficial de la carga que el público conoce,  de manera que terminan pagando la carga de café a 480.000 o hasta menos.

Para que la federación de cafeteros pague el café al precio que se publica, el caficultor debe llevar su producto en unas condiciones de calidad excepcionales (superiores a las exigidas por el mercado)  para lo cual hay que incurrir en costos adicionales, y luego la federación compra café de menor calidad y lo mezcla con el de buena calidad que le compró al caficultor directamente y así ofrecer al exterior la calidad estándar que exige el mercado. Allí se denota la mala fe y la corrupción de la federación de cafeteros. Es por ello que la mayoría de los caficultores no venden el café a la federación de cafeteros sino a los comerciantes particulares, pues una carga de café por la que la federación ofrece $450.000 el comerciante particular paga $500.000. Esos $50.000 de diferencia se los roban los empleados de la federación o comités de cafeteros exigiendo una calidad de café superior a la  estándar para luego mezclarlo con uno de menor calidad.

Lo que hemos expuesto aquí no es sino una parte de las penurias que debe soportar un cafetero o cualquier otro agricultor, penurias que ha han agravado con la firma de los diferentes tratados de libre comercio, y la receta que el gobierno ha dado a las campesinos es la orden dada a la policía para que lance gases a los manifestantes, los golpeen y les destruyan y les roben los alimentos, ropas y enseres que requieren para sobrevivir mientras se manifiestan.

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