Fiscalmente una erogación no se puede clasificar caprichosamente como costo o como deducción

Un costo es un costo y una deducción es una deducción, y cada erogación en que incurra la empresa se debe clasificar según su naturaleza. No hay lugar para hacer clasificaciones caprichosas.

Existe cierta creencia entre algunos contribuyentes en el sentido que cuando hay un proceso de fiscalización, la Dian se centra más en las deducciones que en los costos, y eso puede motivar a que algunos contribuyentes prefieran clasificar como costos ciertas deducciones, especialmente aquellas que pueden no ser procedentes. Es una forma de camuflar y ocultar una determinada partida, pero ello no garantiza que la Dian pase por alto este tipo de clasificaciones.

Uno de muchos casos llegó a la sección cuarta del Consejo de estado, y este en sentencia 16564 de junio 3 de 2010 dijo al respecto:

Pues bien, para la Sala una partida no puede considerarse que sea un costo por el registro contable que se realice de la misma. Los costos, conforme con el artículo 39 del Decreto 2649 de 1993, representan erogaciones y cargos asociados clara y directamente con la adquisición o la producción de los bienes o la prestación de los servicios, de los cuales un ente económico obtuvo sus ingresos. Es decir, para establecer si una partida es un costo o no, se debe analizar cuál es el objeto de la empresa, qué bienes enajena o produce para determinar qué cargos están asociados clara y directamente con la adquisición de bienes para enajenar o con la producción de los bienes, si es una actividad industrial.

Claro que una equivocada clasificación necesariamente no hace que una erogación no proceda, puesto que si no procede como costo, es probable que proceda como deducción, y si el contribuyente tiene la oportunidad de corregir voluntariamente su declaración, puede sacar una partida de los costos para llevarla a las deducciones.

El problema surge cuando el contribuyente ya no puede corregir la declaración y la Dian profiere la liquidación de revisión, pues  es allí donde la Dian simplemente rechaza el costo por ser una deducción, y lo hace sin reconocer la deducción aunque esta sea procedente. Es una injusticia, pero suele suceder y por eso el llamado a clasificar correctamente los costos y las deducciones.

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