Ingresos según las NIC. Introducción

Los retos ante los que se enfrentan las empresas a nivel global, son de gran relevancia, ya que el nuevo entorno va mucho más lejos de lo que puede suponer una simple modificación de los criterios contables utilizados hasta la fecha. Las novedades vienen explicadas por el importante cambio en la propia filosofía del nuevo modelo contable, el entorno de la información financiera empresarial y las posibilidades informativas que ofrece.

Uno de los aspectos que se considera como más positivo con la implantación de las NIIF es la posibilidad de que las empresas obtengan importantes beneficios al favorecer su acceso, en pie de igualdad, al mercado global de recursos financieros. Alcanzar dicho mercado supone conseguir beneficios económicos reales y un menor costo de capital para las empresas. Ahora bien, el mercado también va a imponer algunas contrapartidas, entre las que caben destacar nuevas y mayores exigencias informativas, plasmadas en una mayor calidad y transparencia.

La intención con este artículo y los siguientes es analizar el tratamiento contable dado a uno de los conceptos básicos del modelo contable del IASB: el ingreso y las distintas acepciones y matizaciones del mismo. Tradicionalmente el tratamiento contable de los ingresos descansa básicamente en la aplicación de los principios de prudencia valorativa y devengo, aunque la casuística que existe es muy variada y por tanto, también lo son las matizaciones que pueden realizarse al respecto. Las NIIF introducen una serie de nuevos condicionamientos que delimitan el tratamiento contable que debe darse a los conceptos vinculados con el término ingreso. A diferencia de lo que ocurre en las normas internacionales respecto a los conceptos de gastos, que se encuentran diluidos a lo largo de la normativa del IASB, el tratamiento de ingresos si está regulado por algunas normas concretas, como la NIC 18, de carácter genérico, y las más específicas NIC 11, sobre contratos de construcción (ambas quedan derogadas por la nueva NIIF 15 que entrará en vigor de forma obligatoria a partir de enero de 2017, pudiendo aplicarla anticipadamente) y NIC 20, sobre el tratamiento de las subvenciones y ayudas oficiales, que trataremos en siguientes artículos.

En el modelo contable del IASB adquiere un importante protagonismo la determinación de la situación financiera, en contraste con la hegemonía tradicional que el cálculo del resultado ha tenido en sistemas contables anteriores, como pieza central de la elaboración de la información contable.

El estado de Resultados es el que más directamente recoge los ingresos producidos en el ejercicio, aunque lógicamente estos van a tener también reflejo en otros estados financieros. Aunque ayuda a comprender las variaciones experimentadas por algunas partidas del balance durante el ejercicio económico, algunos ingresos o gastos no tienen reflejo en él, sino directamente sobre el neto patrimonial, como por ejemplo las revalorizaciones de activos y las diferencias de conversión en la consolidación de empresas filiales que elaboran sus estados financieros en moneda extranjera.

Si nos centramos en la presentación formal del Estado de Resultados, observamos que la normativa internacional no impone un formato estandarizado de este estado, pero sin embargo si hay una serie de consideraciones que deben respetarse. Concretamente, por lo que se refiere a su contenido, debe informar, como mínimo, de los siguientes conceptos relacionados con los ingresos:

  • Ingresos financieros.
  • Participación en las ganancias de las empresas asociadas y negocios conjuntos que se contabilicen según el método de la participación.
  • Ganancias, antes de impuestos reconocidas por la venta o abandono de activos, así como por la cancelación de pasivos correspondientes a explotaciones en interrupción definitiva.
  • Ganancia neta del ejercicio.
  • Igualmente, debe revelarse las ganancias atribuidas a los intereses minoritarios y las atribuidas a los poseedores del capital de la dominante.

Este desglose es necesario para informar adecuadamente de los distintos componentes de la rentabilidad que puedan diferir en cuanto a su estabilidad, potencial de beneficios o pérdidas y capacidad de predicción.

El IASB deja como opción la forma de presentar el estado de resultados, por función o por naturaleza. No obstante, igualmente señala que aunque la clasificación funcional aporta información más relevante para los usuarios que la clasificación por naturaleza, la asignación de costos por funciones puede resultar, en muchas ocasiones, arbitraria. Por ello, la elección de uno u otro método de presentación dependerá tanto de circunstancias históricas como del sector industrial donde opere la empresa, así como la naturaleza de la organización. La elección de uno u otro se realizará dependiendo de cual de las dos modalidades alternativas favorece una presentación más razonable de los componentes de la rentabilidad de la empresa.

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