Instrumentos Financieros: Activos Financieros (IV). A valor razonable (I)

Reconocimiento y valoración iniciales.

Como en otros instrumentos financieros, el reconocimiento inicial se produce cuando la entidad se  convierte en parte de las cláusulas del contrato que lleva consigo el instrumento, de forma que da lugar al nacimiento del activo, lo que supone que éste cumple las condiciones para ser considerado como tal y puede medirse fiablemente.

El principal problema para la contabilización de un activo financiero, es su correcta calificación desde el momento en que se adquiere, lo que implica que la compra se ha hecho siguiendo unos procedimientos que, por sí  mismos, implicarán una determinada calificación. Esto, en la práctica, puede significar que la orden de adquisición ha partid de un determinado responsable, o bien que ha tenido que ser autorizada previamente, para lo que se ha tenido que plantear su finalidad ante la gerencia de la entidad. Lo normal es que los manuales de procedimientos o de control interno contemplen las formalidades de adquisición en función de la finalidad que se vaya a dar a la misma. Estas mismas precauciones se aplican a la venta de los instrumentos financieros.

A efectos del seguimiento contable, la clasificación de un instrumento financiero dentro de la cartera de activos financieros a valor razonable con cambios en resultados o a valor razonable con cambios en otro resultado integral, supone inmediatamente que la información relevante del mismo viene marcada por su valor razonable, con lo que la valoración inicial que se va a dar en el momento de la compra cambiará en la medida que se tenga que elaborar y presentar nuevos estados financieros.

Para las empresas cotizadas en bolsa, esto supone confeccionar información financiera trimestral o semestral, por lo que esta cadencia marcará el ritmo de revisión de los valores. Por ello la medida inicial por la que se reconoce el instrumento tiene menos importancia que en el caso de los activos financieros a costo amortizado.

La valoración inicial de los activos financieros se hace al valor razonable de los mismos, que generalmente coincidirá con el precio de compra ajustado con el vendedor o con el intermediario. A este valor razonable se le suman los costos de transacción, salvo en el caso de que el activo financiero se lleve al valor razonable con los cambios en resultados. Si la entidad compra un activo financiero por encima o por debajo de su valor razonable, por ejemplo porque lo adquiere en circunstancias extraordinarias, resulta de una donación o dación en pago, o bien ha negociado su adquisición en condiciones muy favorables, la diferencia entre el valor razonable y el precio de compra se llevará inmediatamente como pérdidas o ganancias del ejercicio.

Hay, en cuanto al reconocimiento inicial, tres problemas a tratar respecto de los activos financieros llevados a valor razonable, uno de ellos es el tratamiento de los costos de transacción, otro es el tratamiento de los intereses y dividendos devengados hasta la fecha de compra y el tercero es la contabilización de los contratos habituales (por la “vía ordinaria”) en los mercados de capitales, que implican comprar un día y liquidar la operación con un cierto diferimiento (por ejemplo tres días más tarde).

Con respecto a los costos de transacción (corretajes, comisiones, tasas, impuestos que recaigan sobre la compra, costos directos soportados por la transacción, así como de asesores, intermediarios, etc.), la regla general es considerarlos parte de la valoración de cara al reconocimiento inicial, sin embargo en los activos que clasificamos como a valor razonable con cambios en resultados, no parece adecuado cargar los costos de transacción en el valor contable inicial del activo, sino considerarlos como gastos del ejercicio correspondiente.

Este tratamiento responde a un principio de economía, si se considera que el escenario más habitual de los instrumentos financieros llevados al valor razonable, con los cambios en resultados, es el de un departamento o unidad organizativa dedicada a atender las continuas transacciones que se van realizando con estos activos, en el cual tanto los gastos producidos por el funcionamiento de la unidad, como los que van generando las transacciones de compra y venta se consideran como gastos normales de funcionamiento, sin que se plantee utilidad alguna por capitalizarlos.

El segundo problema que se ha citado es el tratamiento de intereses y dividendos a cobrar, a los que tengan derecho los activos adquiridos. Ni los intereses devengados hasta la fecha de compra, ni los dividendos procedentes de ganancias anteriores a la adquisición pueden formar parte del importe que constituya el reconocimiento inicial de los activos, ya que se deben considerar activos separados. Así cuando el activo que se compra tiene intereses devengados, vencidos o no, constituirán un activo financiero diferente, que se debe separar y considerar como una cuenta a cobrar.

En el caso de los dividendos el problema puede llegar a ser algo mayor, ya que la regla es considerar como ingresos financieros los dividendos que correspondan a ganancias posteriores a la adquisición del activo, y recuperación del precio de compra los dividendos derivados de ganancias anteriores a la fecha. La separación de uno y otro componente, en los dividendos recibidos en fechas próximas a la compra, puede plantear problemas, que se deben resolver mediante la realización de las hipótesis correspondientes respecto al período o intervalo de generación de las ganancias.

MÁS SOBRE

Gerencie.com en su correo.

Suscríbase y nosotros colocaremos en su bandeja de entrada la mejor información que generamos diariamente.

Siéntase libre de opinar

En Gerencie.com está permitido opinar, criticar, discutir, controvertir, disentir, etc. Lo que no está permitido es insultar o escribir palabras ofensivas o soeces. Si lo hace, su comentario será rechazado por el sistema o será eliminado por el administrador. Por último, trate de no escribir en mayúscula sostenida, resulta muy difícil leerle.