Instrumentos financieros: Activos financieros (Iv). A valor razonable (Vi). Derivados

Entre las múltiples oportunidades que han aportado los procesos de innovación financiera que han venido desarrollándose en las últimas décadas a nivel mundial, destaca la creación y sobre todo el desarrollo de unas novedosas herramientas, los contratos de derivados, cuya principal bondad es la de ofrecer a la empresa la posibilidad de restructurar su perfil financiero y obtener otro con propiedades más deseables.

La relevancia adquirida por estas modernas herramientas, particularmente las opciones, es tal que se dice han revolucionado los mecanismos de valoración financiera. Su ritmo de aparición y difusión en los mercados es exponencial, por lo que dentro del concepto de derivados queda incluida ya una casuística de operaciones casi inabarcable.

El término genérico de productos o contratos derivados proviene de que éstos se definen con relación a un activo subyacente del cual se “derivan” o, en otros términos, porque su valor se genera a partir de la variación de precios del elemento a que vienen referidos.

Adicionalmente, existe un rasgo definitorio que comparten todos los contratos de derivados; todos ellos son herramientas que permiten gestionar los riesgos de mercado (tipos de interés, cambio, cotizaciones, precios de mercancías, etc.), riesgo de crédito o cualquier otro de naturaleza más exótica (por ejemplo, variables climatológicas). Intentando afinar más, pueden añadirse a los anteriores aspectos el hecho de que los calificados como derivados constituyen todos ellos contratos a ejecutar, es decir, son contratos bilaterales cuya cumplimentación tendrá lugar, en su caso, en una fecha futura.

Por todo lo expuesto, es fácil comprender que la delimitación del conjunto de productos que deben incluirse dentro de la figura de derivados y las características diferenciales en base a las cuales configurar subgrupos dentro de los mismos, resulta cada vez una tarea más compleja.

De esta forma, una de las primeras tareas que impone la NIIF 9 es verificar que la operación contratada efectivamente es un derivado, para después comprobar que queda dentro del alcance de la norma. Es este sentido, la definición y rasgos que debe reunir un contrato para ser considerado un derivado es la que sigue a continuación:

“Un derivado es un instrumento financiero u otro contrato dentro del alcance de esta Norma que cumple todas y cada una de las siguientes características:

  1. Su valor cambia en respuesta a los cambios en un tipo de interés, de un precio de otro instrumento financiero, de un precio de mercancías, de un tipo de cambio, de un índice de precio o tipos, de una clasificación o un índice crediticio o de otra variable similar a las anteriores (que a menudo se denomina “subyacente”);
  2. Requiere, al principio, un inversión inicial nula o más pequeña de la que exigirían otros tipos de contratos que incorporan una respuesta similar ante cambios en las condiciones de mercado, y
  3. Se liquidará en una fecha futura”.

Esta amplia definición parece dar cabida a todo tipo de derivados, desde las ya clásicas figuras hasta los más modernos desarrollos de los mismos.

A modo de aproximación, se incluyen dentro de los contratos básicos de derivados los siguientes:

  • Los contratos a plazo o Forward, es decir, aquellos por los que el titular se obliga a la compra-venta de un activo en un momento posterior, a un precio determinado hoy.
  • Los futuros que, al igual que los forwards, fijan ahora los precios y las condiciones de una transacción que tendrá lugar en una fecha futura. La gran diferencia entre ambos reside en que los futuros son contratos estandarizados que se negocian en mercados organizados.
  • Las permutas financieras o swaps en las que los contratantes se comprometen a intercambiarse una serie de flujos de efectivos en el futuro, a intervalos especificados.
  • Las operaciones que, a diferencia de los anteriores, otorgan a su comprador el derecho, pero no la obligación, de adquirir un activo en una fecha o durante un plazo en el futuro, por un precio acordado hoy.

Sin embargo, la lectura cuidadosa de las Normas permite apreciar que éstas, no cubren los derivados sobre variables climáticas, geológicas u otras variables físicas, los derivados que tienen como subyacente instrumentos de neto de la propia sociedad (cuando éstos son considerados en sí mismos instrumentos de neto) o, como se ha señalado, los derivados sobre commodities que se hayan concertado con el propósito de recibir o entregar el subyacente y suelen liquidarse por esa vía.

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