Instrumentos Financieros: Activos Financieros (V). Baja en cuentas (IV)

Baja en cuentas de activos financieros medidos a valor razonable.

La baja en cuentas de un activo financiero implica, en primer lugar, que se ha perdido el derecho a recibir los flujos de efectivo del mismo (o que estos flujos deben remitirse a un tercero en cuanto se reciban). Adicionalmente, la entidad que da de baja en cuentas el activo ha tenido que transferir al comprador todos los riesgos y ventajas inherentes a la propiedad del activo. Por último, loa entidad cedente ha tenido que transferir también el control del mismo, lo que implica que no puede venderlo.

Para que una cesión  implique la baja en cuentas del instrumento correspondiente, la entidad ha tenido que transferir el derecho contractual a recibir los flujos de efectivo procedentes del activo, o bien que, sin renunciar a estos flujos, ha asumido una obligación contractual que implica su transferencia a terceros en el momento de recibirlos, acompañada de la imposibilidad de volver a vender el activo financiero o pignorarlo.

Como en el resto de los activos financieros, la baja en cuentas se produce cuando la entidad que los posee pierde el control sobre la totalidad o una parte de los mismos, lo que quiere decir:

  1. Que han expirado o desaparecido los derechos a recibir flujos de efectivo procedentes del activo o la parte del mismo correspondiente, o bien que
  2. El activo ha sido cedido y la cesión cumple las condiciones para dar de baja la totalidad o una parte de la partida en el balance de situación de la entidad.

Al ceder un activo financiero, la entidad ha de evaluar la medida en la que retiene el control o conserva los riesgos y ventajas de la propiedad del activo, de forma que sólo si los ha perdido dará de baja en cuentas el elemento. Una forma de determinar si se han transferido los riesgos y ventajas es evaluando la exposición de la entidad a la variabilidad de los flujos de efectivo procedentes del activo transferido. Así, si la entidad ha vendido unas acciones a un tercero por un precio fijo habrá eliminado la exposición a la variabilidad de los flujos procedentes de estos activos. Sin embargo, si la enajenación de la acciones se ha concluido al mismo tiempo que la emisión de una opción de venta a favor del comprador, que puede volver a venderlas en un plazo y por un precio algo mayor a la entidad, es muy probable que se trate de un acuerdo de financiación, y tenga que contabilizarse como un préstamo, sin dar de baja el instrumento pretendidamente vendido.

Puede haber situaciones en que la entidad no conserve todos los riesgos y ventajas del instrumento pero retenga alguna forma de control sobre el mismo, en cuyo caso la NIIF 9 arbitra un concepto que puede ser válido para decidir en caso de duda, como es el de “implicación continuada” en el activo financiero. Así como la transferencia de los riesgos y ventajas de la propiedad puede medirse por la exposición a loa variabilidad de los flujos de efectivo, la implicación continuada en el activo puede evaluarse por la exposición a los cambios de valor del susodicho activo.

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