Inversión extranjera directa. Hay que equilibrar sus beneficios

Que preocupante la realidad que presenta la revista DINERO en su edición anterior: La “salvadora” IED o inversión extranjera directa es decir el dinero que entra al país proveniente del exterior para montar empresas pero más que todo para adquirir su control, especialmente de Europa y estados Unidos, es una cifra significativamente igual a la que sale por el giro de utilidades.

Cierto que esa inversión cuyos beneficios omnubilan al gobierno y por cuya reducción de flujo teme demasiado, genera impuestos, empleo, consumo y por lo tanto PIB, pero indudablemente el beneficio está inequitativamente cargado en favor del inversor quien según la misma revista tiene una rentabilidad sobre la inversión que supera, en mucho, la que puede obtener con sus inversiones en sus países de origen.

Debia pensar por ello el gobierno, sin matarla, establecer, sin miedo, medidas de justicia, que equilibren las cargas y beneficios para que aunque sean grandes y sabrosas, no nos queden solamente las migajas del piquete. Con las cifras actuales de rentabilidad, un par de puntos menos de ella, no ahuyentan al inversor y si significan mucho para nuestro desarrollo.

Y es muy diferente montar empresas nuevas, que adquirir el control de las Nacionales, de las que cada vez quedan menos. Debería distinguirse. No es difícil. Si se hacen distinciones por ejemplo respecto de las empresas situadas en zonas francas, algo muy puntual, esta distinción respecto del uso del capital traído al país para diferenciar los beneficios del inversor, no es difícil ni impracticable.

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