La banalidad de las palabras por el abuso de la mentira

Cuando se miente constantemente, y se hace a conciencia y premeditadamente, convierte las palaras presentes y futuras del mentiroso en banales, incluso irritantes, y ese parece ser lo que experimentan algunas personas con el actual proceder del gobierno, o mejor, con su proceder perpetuo.

El reciente paro nacional se levantó, o se hizo un receso temporal bajo la promesa del gobierno nacional de negociar, de dialogar. Los líderes sociales, a pesar de la experiencia centenaria con las mentiras descaradas y promesas incumplidas por parte de los distintos gobiernos decidieron darle la oportunidad al gobierno de que actuaran sin presiones, pues dijo él que con terroristas y agitadores no negociaba, que hasta tanto no se levantar el paro no habría dialogo, y sabiendo que de otra forma nunca ha funcionado, estos líderes decidieron hacer una pausa para dialogar, y como era de esperarse, se han llevado una frustración más. Leer reciente carta de los líderes del sector agropecuario enviada al presidente, que como de costumbre, y que como mucho hemos anotado en estas líneas, ha sido censurada en los medios tradicionales de comunicación, tanto escrita, por radio y televisión siguiendo la orientación del gobierno.

El gobierno tiene como política tomar del pelo a quienes protestan, de lo contrario ya hubiera implementado las soluciones del caso con la misma rapidez con la que saca debajo de la manga las decisiones para cumplir las sugerencias de un Ardila Lule o un Santo Domingo, o Monsato, o de quienes se apoderaron de las tierras de medio país expulsando a los campesinos, etc.

Si el gobierno tuviera la firme intención y convicción de atender las solicitudes de los diferentes sectores sociales inconformes, no enviaría a los diálogos a funcionarios de tercera que no tienen facultades para cumplir nada de lo que firman, ni impediría a los medios de comunicación informar sobre el incumplimiento de los compromisos firmados, lo que evidencia que los discursos públicos y actas privadas firmadas son mentiras, nada más que mentiras, y como se dijo al principio, son mentiras calculadas, premeditadas con todo cuidado para causar un efecto comunicacional. Esas mentiras las dicen a los cuatro vientos y en cadena nacional pero luego impiden que se conozca el incumplimiento de lo prometido. Es un guion perfectamente calculado.

Para el que ha sido burlado de forman tan descarada  resulta irritante oír un discurso que sabe que es banal, insípido y  expresado con una cara dura que dice claramente que el emisor toma  por tonto al receptor, o que sabe que su interlocutor nada podrá hacer frente  a ese libreto basado en la mentira y la manipulación.

Las palabras de un presidente, de un ministro, de un senador o de cualquier político, se han vuelto tan vacías y banales que una mente medianamente inteligente siente nauseas con tan solo la presencia de un personaje de ese pelaje.

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