La improbable pensión futura

Mucho se ha hablado de la debilidad o inviabilidad del actual sistema de pensiones públicas, el cual en términos generales ha sido calificado como una gran pirámide que en algún momento se derrumbará ante la imposibilidad de financiar a los que se vayan pensionando.

Es claro que los actuales pensionados reciben sus mesadas gracias a los aportes de quienes aún no se han pensionado pero esperan hacerlo algún día. Por ahora el asunto es sostenible puesto que hay más cotizantes que pensionados, pero  esa tendencia ha empezado a revertirse desde hace un tiempo y amenaza con colapsar el sistema público de pensiones.

La realidad económica actual, la globalización y la deslocalización del sector productivo, ha llevado a que se acentúe el desempleo, y a precarizar el nivel general de los salarios, situación que agrava aún más la difícil situación de los fondos públicos de pensión, puesto que no solo hay menos cotizantes por el desempleo y la informalidad laboral, sino que los pocos cotizantes que hay es muy poco lo que aportan debido a sus pírricos salarios.

Y si lo anterior es suficiente para que el sistema colapse por sí mismo con el sólo transcurrir del tiempo, debemos sumarle la abrumadora corrupción en la gestión pública de esos recursos que ha llevado a que el estado deba  incrementar la carga fiscal a los contribuyentes tan sólo para cubrir los huecos financieros dejados por los corruptos. Cuando llegue el momento de pensionar a los cotizantes de hoy, habrá que estar preparados para  afrontar una mayor presión fiscal con el fin de conseguir al menos alargar la agonía del sistema público de pensiones. Como se podrá anticipar, el futuro serán más impuestos y menos garantías sociales. Nada alentador.

No se trata de ser pesimistas,  es simplemente la lectura de una realidad que debe concientizarnos de la alta probabilidad que existe de quedarnos sin protección futura para la vejez. Hoy es imperativo dejar de confiar nuestro futuro en un sistema que hace aguas por todos lados. Es cuestión de responsabilidad personal y familiar  preparar algún plan B para cuando ya no podamos valernos por sí mismos y no tengamos posibilidad de una pensión mensual. Y con seguridad no hay que esperar a que el estado diseñe ese plan B para  nosotros, ni por nosotros.

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