La paradoja de Easterlin

El economista Richard Easterlin publicó en 1974 un artículo llamado “Does Economic Growth Improve the Human Lot? Some Empirical Evidence”. En él, ponía en duda la teoría comúnmente aceptada de que a mayores ingresos, mayor felicidad.

De este modo, Easterlin hizo la comparativa entre varios países y la tendencia de sus ciudadanos a afirmar que son felices. Los resultados fueron concluyentes, en los países que tenían cubiertas las necesidades básicas, el índice de felicidad medio no variaba, independientemente de la capacidad de ingresos. Muchos han sido los detractores de esta teoría. Economistas como Ruut Veenhoven y Michael Hagerty en 2003 o Wolfers y Stevenson en 2008, negaron estas afirmaciones basándose en nuevas estadísticas y datos que Easterlin calificó como incorrectos.

Quizás aquí el problema reside en basarse exclusivamente en estadísticas económicas. Aunque pueda parecer evidente que “el dinero da la felicidad”, una vez superado un cierto estatus económico, la calidad de vida y la felicidad, dependen de múltiples factores:

- El tiempo libre, el tiempo que dedicamos al ocio, es un elemento cada vez más necesario y demandado en los países desarrollados. La gente está dispuesta a sacrificar parte de sus ingresos y a rechazar puestos laborales de mayor entidad a cambio de tener tiempo para sus familias y para sus actividades de ocio.

- La felicidad es un estado personal, fisiológico, difícil de medir con una simple estadística. Lo que a uno le hace feliz no tiene por qué hacérselo a otro. Otro dato llamativo es que la depresión es una enfermedad prácticamente exclusiva de los países desarrollados.

- Easterlin habla también de la “felicidad social”, algo que poco tiene que ver con la capacidad económica y que, en cualquier caso, será más tangible en entornos solidarios o ciudades con una escala relativamente abarcable por el hombre que en impersonales megalópolis.

La lista de países más ricos según su PIB la encabezan Estados Unidos, China y Japón, ocupando España el puesto número 13, México el 14 y Colombia el 30. ¿Es equiparable esta lista a los niveles de felicidad de los habitantes de cada país? ¿Se puede medir realmente la felicidad?

Es un hecho empírico que, una vez satisfechas las necesidades básicas, el dinero adicional no incrementa el grado de felicidad de forma proporcional,  puesto que como decía Rockefeller cuando sus trabajadores le reprochaban que era muy rico: Tengo mucho dinero pero a la hora de comer no me como 4 emparedados sino uno, respecto a lo cual Rockefeller pudo tener mucha razón,  puesto que  luego de tanto dinero no hay forma de gastarlo o disfrutarlo, bien porque no hay tiempo, o bien porque todo lo deseado ya se adquirió. En ese punto, el dinero adicional ya no representa felicidad o satisfacción, por lo menos en un grado importante.

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