Las características del buen docente

El docente típico de hace años, superexperto y a veces aclamado y muy distinguido  en su campo, autor de libros, dueño de la verdad y sabio, por eso generalmente dogmático e impositivo, exponiendo magistralmente ante unos estudiantes que también pasaron a la historia, pasivos,  algo intimidados especialmente en los primeros semestres, y sin mayores posibilidades ni disposición para confrontar lo presentado por el docente, pasó a mejor vida.

Esos docentes no satisfacen las necesidades de la sociedad al no generar como resultado de su gestión, personas, profesionales pensantes que puedan, con base en lo aprendido, ( de las muchas formas en que ello se logra )realizar desarrollos, avances, y tampoco se adecuan a las características de libertad, desparpajo y escepticismo de la mayoría los estudiantes actuales que ya no tragan entero, y de la disponibilidad de medios que tienen  para encontrar y contrastar  información, especialmente atreves de la web.

Hoy tiene plena vigencia el maestro orientador, cercano a sus estudiantes, que los guía para, atreves de la investigación bibliográfica, de la investigación de campo, con fuentes primarias  y de la experimentación y el debate, llegar a comprender los conceptos fundamentales de su disciplina, de una manera más inductiva que deductiva, planteando los que él considera como tales, pero mostrando sin desprecio los otros que pueden existir, y aceptando, con la paciencia, la inmensa paciencia que los padres aceptan las preguntas y conclusiones, a veces absurdas, de los hijos cuando empiezan a descubrir el mundo.

Muchos predican que el profesor, hoy maestro, debe ser amigo de sus estudiantes. Que es ser amigo?

Quien es “amigo” para los muchachos, y quien es “amigo” para los profesores?

Definitivamente, ( suena dogmático, cierto?) el “maestro amigo”, para el proceso formativo, no es el “amigo de farras y pilatunas” de los muchachos. Es el que actúa como se describe más arriba, siendo el respeto por lo que sus alumnos piensan y la paciencia, la gran paciencia, la amabilidad, la cordialidad, para aceptar sus “barbaridades”, que no lo son para ellos, y para dirigir y enfocar su proceso de investigación, su mayor condición y requisito para ser un “buen” maestro.

Y hay que aclarar una cosa : Amabilidad y cordialidad, inclusive con los “vagos”, con los que no se responsabilizan por seguir su propio proceso de aprendizaje, y mucha paciencia con los que hacen el esfuerzo por entender, discuten, investigan, así lo haga equivocadamente e concepto del maestro.

La firmeza del maestro, la seguridad en sí mismo, y su exigencia a los estudiantes en el cumplimiento de sus compromisos en el proceso formativo, por ejemplo el de investigar, acceder a fuentes, hacer visitas en tiempos determinados, presentar avances, exponer, etc. son otras condiciones que hacen del docente un buen maestro.

Y hay una más, la aceptación del maestro, sin reaccionar agresivamente, sin sentirse ofendido, a  que sus dirigidos, así sea con los pobres y equivocados argumentos de quien se acerca al tema por primera vez, muy respetuosamente, le discutan y argumenten.

Cosa distinta es el estudiante, que se encuentra, que ataca y demerita al maestro. Allí se necesita la firmeza de este y su cordialidad y amabilidad, inclusive para hacer algo como hacerlo reflexionar sobre su comportamiento, y si es necesario, excluirlo del proceso. Eso también forma parte del proceso educativo.

Todos hemos sido o somos estudiantes. Preguntémonos, cuales son, que características han tenido los profesores que recordamos con más cariño y que nos han motivado más a aprender sobre un tema.

Por lo menos en mi caso, los que tienen las características señaladas: Firmeza, apertura mental, cordialidad, exigencia y paciencia para orientar los esfuerzos y entender lo logrado en ese propósito.

A alguien podrá sonarle extraño que se intente plantear que el buen maestro debe ser un papá. No hay lugar a esa extrañeza. En el tema de negocios, la misma Ley plantea que el administrador debe actuar en el manejo de los negocios, como lo haría un buen padre de familia.

Lamentablemente para la educación y para el avance del país, aún permanecen en universidades y colegios, muchos, muchos profesores  con las características enunciadas en el primer párrafo, las que si bien tienen una alta correlación con la edad y la experiencia profesional y el nivel de esta, y de “laureles”, no son características de todo especialista, “cacao” experimentado. Los hay verdaderos “maestros” en el arte de orientar procesos formativos a todo nivel, a quienes hemos sido sus alumnos, recordamos con gran cariño y agradecimiento.

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