Las pensiones extralegales se sustituyen en la misma forma que se sustituyen las legales, salvo estipulación en contrario

Recientemente la Sala de Casación Laboral de la Corte Suprema de Justicia se ocupó de un caso de sustitución pensional (pensión de sobrevivientes) que comprendía dos situaciones bastante interesantes.

El tema es el siguiente:

Con ocasión del fallecimiento de un pensionado  de la Electrificadora de la costa Atlántica – ELECTROCOSTA S.A. ESP., se presentó la viuda del difunto a reclamar la sustitución de la pensión de jubilación. La reclamante adujo como sustento de su pretensión haber convivido con el causante por espacio de 31 años y 6 meses, Los primeros veintiocho años como como compañeros permanentes y los últimos tres años y medio como esposos. Señaló igualmente  que como producto de esa unión conyugal habían procreado 5 hijos, y acreditó que su  convivencia se dio de manera continua hasta el fallecimiento de su esposo.

Como la empresa no respondió la solicitud que le formuló la petente, ésta acudió a la justicia ordinaria. El juez de primera instancia  condenó a la empresa a reconocerle la pensión a la demandante quien, cabe anotar,  la reclamaba para sí y para un hijo común menor de edad.

La empresa apeló y el Tribunal Superior de Montería revocó la sentencia del inferior y absolvió a ELECTROCOSTA S. A.  ESP.  El a quem (juez de segunda instancia) justificó su decisión con el argumento de que como quiera que se trataba de la transmisión de una pensión de origen convencional, le era forzoso a la demandante probar que dicha pensión era transmisible, para lo cual tenía que haber aportado al proceso la Convención Colectiva con base en la cual la empresa le había reconocido la pensión a su difunto esposo, a efectos de demostrar que la empresa al suscribir la convención había adquirido la obligación de sustituir la pensión, carga ésta que accionante no había atendido.  La Corte casó la sentencia  tras considerar que las pensiones extralegales se sustituyen a los beneficiarios en la misma forma en que se sustituyen las legales, a menos que al crear ese beneficio extralegal se hubiese pactado su no transmisión, aspecto éste que no había demostrado la demandada.

El otro punto interesante que analizó y resolvió la Corte es el siguiente:

Señala el art. 13 de la ley 797 de 2003, que modificó el artículo 47 de la ley 100 de 1993, que:

“En caso de que la pensión de sobrevivencia se cause por muerte del pensionado, el cónyuge o la compañera o compañero permanente supérstite, deberá acreditar que estuvo haciendo vida marital con el causante hasta su muerte y haya convivido con el fallecido no menos de cinco (5) años continuos con anterioridad a su muerte; 

Y el literal a) del artículo 47 de ley 100 de 1993 prevé que: para el reconocimiento de la pensión de sobrevivientes por causa de  muerte del pensionado, «el cónyuge o la compañera o compañero permanente supérstite, deberá acreditar que estuvo haciendo vida marital con el causante hasta su muerte y haya convivido con el fallecido no menos de cinco (5) años con anterioridad a su muerte».  

Al respecto dijo la Corte: “Como se observa, la norma, literalmente, exige dos requisitos para el reconocimiento de la prestación: que el difunto y la reclamante (cónyuge o compañera) hayan hecho vida marital y hayan convivido al menos en los últimos cinco años antes del deceso del primero.”

O sea que  quien reclame la sustitución de la pensión, ya sea el (la)la cónyuge o el (la) compañera, debe acreditar que convivió como tal con el causante durante los últimos 5 años.

Lo curioso aquí es que la demandante, que convivió con el finado durante los últimos treinta y un años y medio, no vivió con él  los últimos cinco años en forma completa  ni como esposa ni como compañera, pues de esos últimos cinco años un año y medio lo vivió como compañera y tres años y medio como esposa.

Para resolver el asunto la Corte hizo las siguientes consideraciones:   Pero nótese que el precepto legal aludido no exige que ambos requisitos se hayan reunido de manera excluyente,  como cónyuges o como compañeros permanentes. Es decir, que la vida marital y la convivencia durante cinco años previos a la muerte del causante se hayan verificado solo como esposos o solo como compañeros permanentes.  La norma exige los dos requisitos, independientemente del tipo de vínculo que haya existido entre ambos. Por manera que ellos pudieron darse sucesivamente, durante una unión de hecho y luego durante el matrimonio entre ambas personas.  Y la circunstancia de que la vida marital y la convivencia se hayan realizado en parte como compañeros permanentes y en parte como cónyuges, en nada afecta la validez de tales requisitos para reclamar la pensión de sobrevivientes.  Sostener lo contrario sería un contrasentido a la luz de la Constitución y de los principios que informan la seguridad social. Lo que prima es la vida marital o convivencia, independientemente del tipo de vínculo jurídico que ligue a ambas personas, pues cualquiera que sea éste, lo que debe acreditarse es la vida marital o convivencia con el ánimo de constituir pareja y familia, tener complementariedad, socorro y ayuda mutua y abordar juntos las vicisitudes de la vida, en el lapso de tiempo que la norma establece.  

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