Los gastos de transporte no son factor salarial - Cómo identificar si un pago es factor salarial

Algunos empleadores acostumbran reconocerles periódicamente a sus trabajadores externos, es decir a aquellos que cumplen sus funciones en “la calle”, tales como vendedores, mensajeros, promotores, etc., una determinada cantidad de dinero destinada a cubrir los gastos de transporte en que éstos incurren en el desarrollo de sus funciones. A veces la entrega de dichos dineros tiene como fin compensarle al trabajador el uso que éste hace de su propio vehículo, como por ejemplo la bicicleta, la moto e incluso en ocasiones su automóvil.

Pues bien,   esa práctica ha servido para que algunos trabajadores demanden  luego a sus empleadores tras considerar que éstos obraron irregularmente al no incluir dichos pagos en la base de liquidación de sus prestaciones sociales, lo cual, en su opinión, era obligatorio hacerlo por su carácter salarial.

De frente hay que decir que las posibilidades de que prospere un proceso que se estructure a partir de esas realidades son totalmente remotas. La razón es sencilla, esos pagos carecen de connotación salarial, habida cuenta de que su finalidad  no es remunerar el trabajo sino simplemente reponerle al trabajador los gastos en que éste incurre para transportarse en la ejecución de sus labores, o compensarle el desgaste que sufre el vehículo del trabajador con el uso que éste le da al movilizarse durante el trabajo.

Es cierto que ha habido casos en que el empleador ha sido condenado a pagarle al trabajador el reajuste de las prestaciones sociales derivado de la inclusión en la base de liquidación de pagos rotulados como gastos de transporte o gastos de movilidad,  etc., pero eso ha ocurrido cuando en el proceso ha quedado al descubierto que dichos pagos no tenían como finalidad real reponer gastos de transporte, sino esconder bajo esa fachada verdaderos pagos salariales.

Las anteriores anotaciones me dan la oportunidad de ofrecer aquí brevemente una orientación sencilla que considero útil para identificar cuándo un pago es de carácter salarial.

De acuerdo con lo expresado por el art. 127 del Código Sustantivo  del Trabajo constituye salario no sólo “el sueldo”,  sino todo lo que recibe el trabajador en dinero o en especie como pago de su servicios, cualquiera que sea el nombre que se le dé, tales como primas, sobresueldos, bonificaciones habituales, dominicales y festivos, horas extras, recargo nocturno, porcentajes sobre ventas y comisiones.

Vale precisar primero que si bien es cierto en nuestro país la costumbre ha hecho que los términos sueldo y salario se tomen como equivalentes, se trata de dos conceptos no idénticos. El salario es la remuneración del trabajo propiamente dicha, el cual toma dos nombres según la periodicidad con que se pague; cuando el salario se paga en forma mensual, por quincenas, o por décadas, recibe el nombre de sueldo. Y cuando se paga por semanas o por días, se llama jornal. O sea que el sueldo siempre es salario, pero el salario no siempre es sueldo, porque puede ser jornal.

Ahora bien,  para saber si un determinado pago es salario, es necesario  establecer si con él se está retribuyendo directamente un servicio, si eso es así, ese pago será salario, de lo contrario no.

Así por ejemplo, en todos los casos el pago de las horas extras será salario, porque con él se le está retribuyendo al trabajador el trabajo que éste realizó luego de terminada su jornada de trabajo. Intentando representar  la situación gráficamente tendríamos dos flechas trazadas en sentido contrario, una representa el servicio prestado por el trabajador y la otra el pago del empleador. La una es consecuencia de la otra.  El empleador le paga al trabajador X suma de dinero, porque el trabajador, a su vez,  laboró para el empleador en domingo o en festivo, o laboró en jornada nocturna, o laboró más de las horas obligatorias, o hizo ventas por determinados valores (comisiones), etc., Y si al hacer dicho ejercicio encontramos que el pago hecho por el empleador no se cruza con un servicio prestado  por parte del trabajador, ese pago no será de carácter salarial. Tal sería el caso de un auxilio por matrimonio del trabajador, o por el nacimiento de un hijo, o por el fallecimiento de un familiar, el auxilio de transporte, una bonificación ocasional, un auxilio para compra de vivienda, los gastos de representación, una gratificación por un evento especial,  etc.,

De modo pues que constituyen salario aquellos pagos que retribuyen de manera directa los servicios del trabajador, que van a enriquecerlo y de los cuales puede éste disponer libremente. En efecto, cuando el trabajador recibe su salario (sueldo, horas extras, recargo nocturno, dominicales, festivos, etc.) el empleador no le determina a esos pagos  una destinación específica, y por tanto el trabajador los utiliza de acuerdo con su voluntad y sus necesidades. No ocurre lo propio cuando se trata de pagos no salariales, pues éstos no son retributivos de servicios, por lo general no están destinados a enriquecer al trabajador, y su utilización puede ser direccionada por el empleador, tales como el auxilio de matrimonio, el auxilio de natalidad, el auxilio funerario, los gastos de representación, los gastos de transporte, los gastos de viaje, auxilio para compra de vivienda, bonificaciones navideñas, gratificaciones, pagos a título de mera liberalidad, etc.,

Ahora bien, la ley permite que el empleador y el trabajador convengan por escrito que algunos pagos que a pesar de ser constitutivos de salario no se tengan en cuenta al momento de integrar la base sobre la cual se liquidan las prestaciones sociales y las indemnizaciones. Es de subrayar que no es que la ley autorice a las partes para despojar a esos pagos de su carácter salarial, pues a los particulares no les está dado quitarle o cambiarle la naturaleza jurídica a las cosas, lo que permite la ley es que pese a su naturaleza jurídica salarial no se lleven a la base con que se liquidan las prestaciones sociales.

Finalmente hay que señalar que no son factor salarial las prestaciones sociales (las cesantías, sus intereses, la prima de servicios,  las dotaciones de calzado y ropa de labor, las prestaciones propias de la seguridad social y las de la maternidad),  las indemnizaciones (por despido injusto, por no consignación de las cesantías, moratoria, por el no suministro de dotaciones), ni los descansos (las vacaciones, etc.).

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