Macroeconomía

La macroeconomía   se encarga del estudio  y análisis de la economía como  un todo, de forma global. Para ello se apoya en una serie de variables conocidas como parámetros macroeconómicos, cuyo conocimiento y seguimiento  da lugar a abordar los problemas  de los que tradicionalmente se ocupa la macroeconomía: crecimiento económico, niveles de renta, desempleo, tipos de interés, inflación o cuentas públicas.

La forma en que se abordan  los asuntos sobre los que versa la macroeconomía da lugar a las políticas macroeconómicas  que los distintos gobiernos aplican en sus programas de gobierno,  para conseguir  sus objetivos y compromisos  socioeconómicos. Los principales instrumentos de actuación son la política fiscal, la política monetaria y la política cambiaria, tan de moda desde el estallido de la crisis financiera de 2008.

La política fiscal  es la política que los gobiernos desarrollan,  a través de los presupuestos generales del estado, entendidos  como el conjunto de ingresos y gastos  públicos. Se trata del mecanismo que tienen  para actuar sobre el crecimiento económico y el nivel de empleo de su país.  Tradicionalmente, en épocas  de recesión,  los gobiernos recurren a políticas de estímulo fiscal para paliar los efectos recesivos, como ocurrió en Estados Unidos en 2009

La política monetaria es el instrumento que tienen los bancos centrales de cada país o área económica, como la UE, para articular su mandato: bien sea el control de la  inflación en periodos expansivos de la economía con incrementos de tipos de interés, bien sea  la tasa de crecimiento económico o  la tasa de desempleo, con disminución de los tipos de interés   en los periodos recesivos. La forma que en que estas políticas monetarias influyen es compleja, puesto que la modificación de tipos de interés afecta a la cotización de la divisa de un país frente a los demás. Al inicio de la  crisis de la deuda soberana,  hemos asistido a compras masivas de divisas extranjeras, en particular euros,  por parte del banco central de Suiza  para evitar una sobrevaloración de su moneda que afectase a sus exportaciones y más recientemente  a la puesta en circulación masiva de yenes o dólares,  por parte de los bancos centrales de Japón y Estados Unidos, para estimular el consumo o la creación de puestos de trabajo.

Los parámetros macroeconómicos tradicionales   que indican el pulso de una economía son: el producto interior bruto, PIB (medido en términos de variación porcentual),  el índice de precios al consumo armonizado, la  tasa de desempleo (en términos de porcentaje sobre la población activa), el tipo de interés, el déficit comercial y la deuda del estado (en términos relativos a su PIB).  De un tiempo a esta parte se han consolidado como indicadores  avanzados  de las políticas macroeconómicas los indicadores de confianza  como el que elaboran  la  Universidad de Michigan o el instituto IFO alemán.

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