Memorias de la factura electrónica. El Rechazo y el dolor de cabeza de la Acción Cambiaria por Falta de Aceptación

Una de las principales discusiones, si es que no es la principal, que aun rodea la nueva “Factura de Venta” unificada por la Ley 1231 de 2008 y sus Decretos Reglamentarios 4270 de 2008 y 3327 de 2009, y ahora, desde el 20 de febrero de 2014, modificada por la Ley 1676 de 2013,  es aquella que partiendo de la Factura Física y teniendo que ver en sus intríngulis para que fuese tenida judicialmente como título valor, se amplifica ahora a la Factura Electrónica, en cuanto a su rechazo y la enorme tarea de hacer que alguna eminencia de Juez de la República, de esos que se desvelan en tumbar mediante la panacea vagabunda del desistimiento tácito cuanto proceso con sentencia sin medidas cautelares le llegue en la zozobra de su interinidad como funcionario de “descongestión”, que para quedarse unos meses más, debe justificar su sueldo con estadísticas de terminaciones como sea, más que de cualquier otra actuación, entienda que el cumplimiento de los requisitos de rechazo y aceptación, aunque son los mismos que para una física, no pueden ser manejados de la misma manera.

Para entendernos, suplamos que nuestra Factura Electrónica, cumple todos los requisitos de los Artículos 3º  y 4º  de la Ley 1231 de 2008, con lo que casi sería Titulo Valor…, pero regresando, detengámonos en primer lugar, en el Inciso 2º de su Artículo 2º, que es realmente el meollo del asunto y escapadera para aquellos juececitos con preformatos de negaciones de ordenes de pago:

“…El comprador o beneficiario del servicio deberá aceptar de manera expresa el contenido de la factura, por escrito colocado en el cuerpo de la misma o en documento separado, físico o electrónico. Igualmente, deberá constar el recibo de la mercancía o del servicio por parte del comprador del bien o beneficiario del servicio, en la factura y/o en la guía de transporte, según el caso, indicando el nombre, identificación o la firma de quien recibe, y la fecha de recibo. …”

Ahora, en segundo lugar, el Artículo 86 de la Ley 1676 de 2013, modificatorio del Inciso 3º del Artículo 2º de la Ley 1231 de 2008, establece que:

“…La factura se considera irrevocablemente aceptada por el comprador o beneficiario del servicio, si no reclamare en contra de su contenido, bien sea mediante devolución de la misma y de los documentos de despacho, según el caso, o bien mediante reclamo escrito dirigido al emisor o tenedor del título, dentro de los tres (3) días hábiles siguientes a su recepción. …”

Son estos los ítems de discordia, de una parte la Factura Física deberá ser ACEPTADA por el receptor, indicándose en el cuerpo de esta o documento separado físico o “electrónico”, nombre, identificación o firma de quien recibe y fecha de recibido, y que no obstante lo anterior, aun, podrá RECHAZARSE dentro de los 3 días hábiles siguientes a la recepción, bien “mediante devolución” de la factura, o “mediante reclamo escrito” al emisor.

Siendo consecuentes, tendríamos de plano que el receptor de la Factura Electrónica, podrá rechazarla en la forma indicada, ya sea frente al emisor, devolviéndola o con reclamo escrito; ahora, la forma adecuada en que frente a estos comprometidos electrónicamente, opere la devolución o el requerimiento expreso, en seguimiento de lo dispuesto en el Artículo 7º del Decreto 1929 de 2007, corresponderá con los mecanismos de protocolo reciproco implantado por estos, no obstante la norma curiosamente solo contempla la implementación de los Acuerdos del caso, para “…la expedición y aceptación de facturas electrónicas…”, pero no expresamente para el rechazo, aspecto de dentro de una sana relación comercial, no pasaría de un impase convertible en anedocta.

Pero, si tenemos la desventura de escalar la situación y en consecuencia  la desgracia sobreviniente de vernos abocados en adelantar un proceso ejecutivo por Falta de Aceptación –rechazo- en los términos del Numeral 1º del Artículo 780 del Código de Comercio, las acotaciones previas en cuanto al rechazo electrónico de la Factura Electrónica, se convierten en circunstancias que en su infinita incapacidad de comprensión por extensión analógica, para los funcionalillos judiciales en comento, no hay poder humano, jurídico, legal, teórico, doctrinal ni de tutela para que tengan por valido el procedimiento electrónico de rechazo, toda vez que en su paquidérmico entender, “ si la ley no lo reguló expresamente, entonces deberá hacerse como si fuera factura física”, y entonces, debería hacerse el “reclamo escrito” físico, volviéndonos a la época prehistórica de cuando quizá cursaban el pregrado en universidades provinciales de dudosa alcurnia, transformando en Ordinario un proceso ejecutivo sin ninguna complicación.

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