Memorias de la factura electrónica. Las peripecias del cobro judicial por Acción cambiaria directa por falta de pago

Como si el tormento medieval para obtener una Orden de Pago por falta de aceptación o rechazo de la Factura Electrónica fuera algo propio de quienes “no cubren sus relaciones comerciales dentro de la moral y oportunidad de las buenas costumbres del sector”, tal lo reflejara una Sala de decisión de un Tribunal cuya providencia he traspapelado, se es dable sufrir un segundo infierno en los Estrados Judiciales, aun en los no especializados en descongestión, ahora, si lo pretendido es la Acción Cambiaria Directa Por Falta de Pago,  prevista en el  Numeral 2º del Artículo 780 del Código de Comercio, que nos envestía de un falso convencimiento supremo en su magna inspiración de facilidad ejecutiva.

Gastamos algunas hora en puntear y contrapuntear que nuestra Factura Electrónica cumpla con todos los requisitos de los Artículos 3º  y 4º  de la Ley 1231 de 2008 como título valor, aun luego de rayar psicoticamente nuestro Código de Comercio, no estamos 100% seguros, y consultamos al colega, o hasta algún compañero juez para quienes tienen la opción de recurrirlo, pero como el problema es nuestro, solo nos empujan con un “hágale”, más no sigue asaltando la duda del cumplimiento Numeral 2º del Artículo 3º, que a su vez nos remite al  previo Inciso 2º de su Artículo 2º:

“…  La  fecha de recibo de la factura, con indicación del  nombre,  identificación o la firma de quien sea el encargado de recibirla según lo establecido en la presente ley…”

, entonces, echamos mano del protocolo  o acuerdo firmado entre emisor y receptor que habla el Artículo 7º del Decreto 1929 de 2007, y nos convencemos que la aceptación se verificó tal cual se convino, le “hacemos”, estructuramos la demanda, ahora “por si las moscas”, acompañamos a la demanda una copia autentica del mismo, y zas !!! correspondió conocer a los dichosos Juzgados de Descongestión.

Pasan los días que se convierten en semanas, y ya para cumplir los tres meses al despacho, por fin, la nota de estado “profiere auto”, asi, tal cual todos los pronunciamientos de estas pseudo entidades; corremos esperanzados a la Secretaría Común y cuando por fin luego de dos horas de fila con tumulto, la insultada del barandero y la advertencia que en cinco minutos recogerá el expediente, el flamante auto de dos renglones “el documento base de la ejecución no cumple los presupuestos de los Artículos 2º y  3º de la Ley 1231 de 2008 y por lo tanto niega mandamiento”, nos resignamos a tomar una foto del adefesio, nos jalamos una superreposición recalcando que es una Factura Electrónica, y por ende el demandado receptor, no la aceptó de manera “expresa por escrito” indicando el nombre, identificación o la firma de quien recibe y la fecha de recibo, sino de manera electrónica automática tal cual se había convenido en el acuerdo protocolar vinculante en los términos del Artículo 7º del Decreto 1929 de 2007 para los efectos de la Ley 1231 de 2008, y, luego de otros seis meses al despacho, la providencia no es menos sino más triste que la precedente: “no revoca”, porque “ no se aportó de manera  expresa que el demandado hubiese aceptado por escrito indicando el nombre, identificación o la firma de quien recibe y la fecha de recibo”.

Es que no hay derecho a tanta perversión de la inteligencia máxime si solo nos queda como en la canción de Roberto Roena, rumiar en silencio “…como te hago entender este sabor amargo, sabor a derrota…”

Y aun me preguntan que por porque no recibo facturas para cobro…

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