NIC 37. Situaciones especiales de reconocimiento y valoración de las provisiones

La NIC 37 contempla algunos casos especiales en el reconocimiento y valoración de las provisiones: las pérdida de explotación futuras, los contrato de carácter oneroso y la restructuración de actividades.

Pérdidas de explotación futuras. 

No deben reconocerse provisiones por pérdidas futuras derivadas de las operaciones de explotación de la empresa. Tales pérdidas futuras no cumplen las condiciones de la definición de pasivo dada en la NIC 37, ni tampoco los criterios generales para el reconocimiento de las provisiones.

Las expectativas de pérdidas futuras derivadas de las actividades ordinarias de la empresa, podrían ser una indicación de que algunos activos relacionados con la explotación han sufrido un deterioro de valor. En este caso, la empresa debería comprobar si existe tal deterioro de valor en la NIC 36.

Contratos de carácter oneroso. 

Como se ha indicado, un contrato de carácter oneroso es todo aquel contrato en el cual los costos inevitables de cumplir con las obligaciones que conlleva, exceden a los beneficios económicos que se esperan recibir del mismo. Si la empresa tiene un contrato de carácter oneroso, las obligaciones presentes que se deriven del mismo deben ser reconocidas y valoradas como provisiones.

Los costos inevitables serán el importe menor entre el costo de cumplir las cláusulas del contrato, y el costo de las compensaciones o multas que se deriven de su incumplimiento.

Muchos contratos pueden ser revocados sin pagar ninguna compensación a la otra parte y no producirán ninguna obligación, por lo que no se reconoce ninguna provisión. Sin embargo, otros contratos establecen tanto derechos como obligaciones para cada una de las partes contratantes.

Cuando ciertas circunstancias convierten a estos últimos contratos en onerosos, se reconocerá una provisión por el costo neto de las obligaciones actuales (siempre que sean  consecuencia de un suceso pasado, sea probable la salida de recursos y el importe pueda estimarse con fiabilidad).

Reestructuración de una actividad. 

Una restructuración es un programa de actuación, planificado y controlado po9r la gerencia de la empresa, cuyo efecto es un cambio significativo en el alcance de la actividad llevada a cabo por la misma, o en la manera de llevar la gestión de su actividad. Ejemplos de restructuración pueden ser la venta o liquidación de una línea de actividad; la clausura de instalaciones de la empresa en un país o región; los cambios en la estructura directiva (eliminación de un nivel o escala de directivos empresariales) y las reorganizaciones importantes, que tienen un efecto significativo sobre la naturaleza y el enfoque de las actividades de la empresa.

La NIC 37 es de aplicación a las provisiones por restructuración, incluyendo las explotaciones en interrupción definitiva. Sólo se puede considerar que surge una obligación implícita (no legal) para la empresa, a causa de una restructuración, cuando se cumplan las siguientes dos condiciones:

  • Tiene un plan formal y detallado para proceder a la restructuración, en el que al menos se identifican las actividades empresariales implicadas, los principales centros afectados, la ubicación, función y número aproximado de los empleados que serán indemnizados tras prescindir de sus servicios; los desembolsos que se llevarán a cabo y los plazos en los que el plan será implementado.
  • La empresa ha producido una expectativa válida entre los afectados de que la restructuración se llevará a cabo, ya sea por haber comenzado a ejecutar el plan o por haber anunciado sus principales características a dichos afectados.

La evidencia de que la empresa ha empezado a llevar a cabo el plan de reestructuración puede venir por un plan de desmantelamiento de las instalaciones o de venta de los activos correspondientes, o mediante el anuncio público del plan detallado de restructuración.

Este anuncio público constituirá una obligación implícita sólo si se hace de tal manera y con suficiente detalle que sea capaz de generar expectativas válidas, entre los terceros implicados (clientes, proveedores, empleados o representantes de empleados), sobre el hecho de que la empresa va a llevar efectivamente a cabo la restructuración.

Al comunicar el plan detallado de restructuración a los afectados, es necesario que su implantación esté planeada para dar comienzo en cuanto sea posible, y además que el calendario de actuaciones haga improbable cualquier cambio significativo sobre lo inicialmente previsto.

De lo anterior, se desprende que para poder dotar un a provisión por restructuración no basta por si sola la decisión de la Dirección o del Consejo de Administración. Esto puede provocar que, en la práctica, con la NIC 37 el reconocimiento de los gastos de restructuración se retrase.

Si la empresa comienza a implementar el plan de restructuración, o anuncia las principales características del mismo a los afectados, después de la fecha de cierre del balance no dará lugar al reconocimiento de una provisión por restructuración, pero en este caso se aplica la NIC 10 (Hechos ocurridos después de la fecha del balance) y puede ser obligatorio incluir información en las notas, siempre y cuando la importancia de la restructuración sea tal que la falta de información pueda afectar a la capacidad de los usuarios de los estados financieros para realizar evaluaciones apropiadas en la toma de decisiones.

En el caso concreto de la venta de una de las líneas de actividad de la empresa, no surge ningún tipo de obligación hasta que exista un compromiso firme de venta. Cuando se contempla la venta de una línea de actividad, como parte de una restructuración se debe comprobar, en primer lugar, el posible deterioro de los activos relacionados a dicha actividad, según lo establecido en la NIC 36. En segundo lugar, dado que la venta de los activos relacionados con una línea de actividad es sólo una parte de la restructuración, puede existir una obligación implícita por otros aspectos relacionados con la restructuración antes de que se materialice el compromiso de venta de dichos activos.

La provisión por restructuración debe incluir sólo los desembolsos que surjan directamente de la restructuración. Estos desembolsos serán los que cumplan simultáneamente las siguientes dos condiciones: están necesariamente impuestos por la restructuración, y no están asociados con las actividades que continúan en la empresa.

Una provisión pro restructuración no incluye ni los desembolsos relacionados con la gestión futura de la actividad (como por ejemplo formación o reubicación del personal que permanezca dentro de la empresa; comercialización o publicidad o inversión en nuevos sistemas informáticos o redes de distribución), ni las pérdidas futuras de explotación identificables en el momento de la restructuración (salvo que estén relacionadas con un contrato de carácter oneroso) ni los posibles beneficios derivados de la venta de activos, aunque estas ventas se consideren parte integrante de la propia restructuración.

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