Políticamente correcto

Ser políticamente correcto no es más que una de las herramientas que tiene el hombre para sobrevivir en sociedad y ganarse el respeto y la simpatía de unos pocos, en algunos casos, o de grandes masas en otros.

El ser humano es un animal social, por tanto, debe regirse por una serie de normas no escritas que hacen que su día a día en sociedad sea más llevadero. En cierta manera, todos deberíamos buscar agradar a los demás y no ofender a otras personas. Pero, ¿dónde está el límite? ¿Qué marca la línea entre hacer o decir lo que uno piensa y reprimir la propia voluntad por agradar a otras personas? ¿Dónde acaba la educación y el respeto y comienza la hipocresía?

Hay muchas maneras de ser políticamente correcto, sin embargo, los ejemplos más claros se dan en el entorno laboral y el político aunque en grupos de amigos también es algo bastante común. Uno de los objetivos de alguien con este tipo de comportamientos es el de ganarse el beneplácito de ciertos grupos de personas, ya sea para ascender en un cargo o ganar unas elecciones contentando al número máximo de personas o sectores sociales posibles.

Los comportamientos y discursos políticamente correctos destacan por la tibieza, las medias tintas, el vacío de contenido en el mensaje, el no decir nada demasiado concreto que pueda ofender a alguien. Los ejemplos son innumerables. En el mundo laboral sería el típico compañero que se lleva bien con todo el mundo pero no es amigo real de nadie, dice a todos lo que quieren escuchar y nunca podrás contar con él a la hora de posicionarse en un conflicto. En el mundo político, donde cada traspiés o error es castigado con dureza por los medios de comunicación, se cuida mucho este aspecto. Los discursos políticos están llenos de discursos vacíos con múltiples referencias a etnias, lobbies y sectores de población minoritarios, especialmente en época de campaña electoral.

Como se puede comprobar, es difícil ser políticamente correcto sin caer en la hipocresía. Sin embargo, ser absolutamente sincero en todo momento también puede ser una mala elección, sobre todo cuando esta sinceridad puede ofender a otras personas. Como dijo Aristóteles: “en el término medio está la virtud”. Habrá situaciones que requerirán ser políticamente correcto y otras en las que podremos expresarnos con mayor libertad. Decidir cuándo es el momento de optar por una decisión o la otra, dependerá de la experiencia y de las habilidades sociales de cada uno.

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