¿Por qué es difícil salir del mercado cuando todo marcha bien?

Quienes especulan o invierten en los mercados financieros saben que resulta muy difícil salir de él o retirar sus posiciones cuando el mercado marcha en un campo positivo, lo cual indica que la parte emocional suele imponerse a la racional.

Cuando se invierte, es común aconsejar a quien lo hace que desde el primer momento fije unas líneas de retirada, ya sea por abajo o por arriba,  pero cuando se alcanza la línea de arriba, muy pocos cumplen con su propósito inicial de retirarse.

Por ejemplo, es el caso de la persona que invierte en una acción cotizada en 100 dólares. Es probable que se fije como meta venderla si su valor disminuye por debajo de los 95 dólares o si sube por encima de los 110.

Seguramente esa persona no tenga problemas para retirarse cuando la cotización llega a los 95, e incluso puede que lo haga cuando apenas haya bajado a 98 o 97, pero tendrá problemas para retirarse cuando la cotización llega a 110 o a 120 dólares, y de hecho, entre más suba la cotización, mas dispuesta estará esa persona a mantener su posición y a no cumplir con su propósito inicial de retirar su posición a los 110 dólares.

La razón puede ser emocional y en algunos casos racionales, pero casi siempre resulta ser emocional.

Cuando la cotización se mueve en terrenos positivos la gente suele llenarse de optimismo, de euforia y de avaricia, por lo que deja de preocuparse por el riesgo y sólo se interesa por el cuánto seguirá subiendo la cotización y así aumentar su rentabilidad.

También es probable que llegada la cotización al límite superior estipulado, el inversor sienta que las circunstancias son nuevas y se justifica recalcular sus límites de salida, y como bien es sabido, ante una nueva realidad deben tomarse nuevas decisiones. En este caso se puede alegar cierta racionalidad en la decisión de no vender las acciones (retirar la posición).

Por último lo que debió ser primero: ¿Por qué se fijan límites de salida tanto supriores como inferiores?

En un plan de inversión se debe definir hasta qué punto se quiere o se puede arriesgar y en ese sentido se fija el susodicho límite. Por ejemplo, el inversionista puede sentirse  cómodo con una pérdida del 5% del valor, y una vez alcanzada, decide deshacerse de sus inversiones para disminuir su pérdida. Cada inversionista hará su análisis para fijar ese límite inferior.

Pero también es prudente fijar un límite superior, puesto que la historia tiene dicho que todo lo que sube baja, el problema es que nadie puede anticipar cuándo empezará a bajar.  Un valor cotizado en 100 dólares puede subir a 110, 120 o 150 para luego bajar de nuevo. El problema es que el inversionista no sabe cuál será el máximo valor que alcanzará su inversión, y para evitar ese riesgo simplemente determina que cuando llegue a 110 se considerará por bien servido y venderá antes que lo sorprenda una bajada. Ha sucedido que quien fijó su límite en 110 no se retiró con la esperanza de que su valor llegará a 120, pero en la siguiente apertura del mercado en lugar de subir bajó a 105 o a menos. Ese riesgo se evita precisamente fijando de antemano un punto de retirada.

Quizás uno de los casos más emblemáticos es el de APPLE, cuyas acciones superaron los 700 USD y luego bajaron casi a los 400. Quienes no fueron fieles a sus análisis y límites fijados se llevaron un ben varapalo.

Hay inversores que simplemente no se fijan límites, sino que van ajustando sus apuestas con la información que van recibiendo de último momento.

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