¿Por qué lo público nunca funciona bien?

Para el ciudadano común es una verdad irrefutable que nada de lo público funciona bien. Algunas entidades  y procesos funcionan mejor que otros, pero ninguno con la calidad y eficiencias necesarias para satisfacer a los usuarios, y la gran pregunta es: ¿Por qué sucede?

Todo proceso es realizado por personas. Y  cuando el proceso no es realizado por una persona sino por una máquina o un sistema informático, detrás de esa máquina y de ese sistema hay personas, así que indudablemente la falla está en las personas que trabajan para el estado, en las personas que el estado contrata.

¿Significa que en el estado están las personas equivocadas? Si lo que el estado hace u ofrece tiene poco valor y muy mala calidad, la respuesta es un rotuno  sí, y hay que decirlo: quienes trabajan con el estado o para el estado no son los mejores. Por las razones que sean, al estado han ido a trabajar personas que no son las más competentes, que no hacen bien su tarea, pues los resultados hablan por sí solos.

Y es que no hay una sola entidad del estado donde las cosas funciones como debiera ser. Todo se hace a medias, de la peor forma, sin interés, de  mala gana. Hasta quien contesta un teléfono no es esfuerza por dar una respuesta efectiva. Se tiene suerte si por lo menos son amables al atender el teléfono.

¿Qué ha pasado para llegar e ese estado?

Naturalmente el problema está en que se han incorporado las personas equivocadas. Si las personas que conforman el estado fueran las indicadas, el ciudadano no estaría sufriendo las consecuencias de una mala gestión y mala atención en todas y cada una de las dependencias del estado. Las personas son las que crean problemas  y las que los solucionan. Y en el estado tenemos las personas que sólo crean problemas pero que no solucionaban nada, o lo hacen a medias.

Probablemente esto se deba a que el estado, o quienes toman decisiones, no tienen interés en contratar a la persona ideal, sino a quienes obedezcan a sus intereses personales y principalmente políticos, algo que siempre sucede en mandos  altos y medios, y de forma menos frecuente en el personal operativo.

La contratación estatal es una feria de pago de favores políticos. No se contrata a quien sea más competente sino a quien más pueda aportar a los intereses políticos de quien contrata, o del jefe político que controla la contratación en una determinada entidad, y de allí que tengamos en el estado  personas que sólo causa traumatismos,  problemas  y disgustos.

Adicionalmente, existe en el imaginario popular la idea que en el estado se trabaja poco, se puede robar mucho, y sin consecuencias porque se dice abiertamente que el estado no tiene dolientes, de manera que mucha gente con esa mentalidad de vago, incompetente y con ausencia de ética y moral,  hacen su mejor esfuerzo para trabajar con el estado antes de aplicar para una empresa privada. Y así es que cubrimos la nómina del estado.

La persona que es perezosa, que no le gusta esforzare, desea trabajar con el estado y no con la empresa privada. La persona que le gusta apropiarse de lo ajeno, primero intentará trabajar con el estado antes que con la empresa privada. La persona que quiere enriquecerse rápido sin trabajar, prefiere trabajar o contratar con el estado antes que con la empresa privada,  y así es como hemos llegado a donde estamos.

Por supuesto que habrá excepciones, pero la regla general es que quien trabaja para el estado no siempre da la mejor de sí, cuando no es que de lleno se implica en sacar un beneficio personal sin considerar la suerte de los demás mortales. Y si lo dicho aquí no fuera cierto, no tendríamos que sufrir la constante incompetencia del estado en todo  lo que toca.

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