Propiedad, planta y equipo. Valoración Posterior (IV). Modelo de Revalorización

VALORACIÓN POSTERIOR: POR SU COSTO REVALUADO.

La NIC 16, considera que el valor revalorizado será el valor razonable de los distintos bienes materiales, siendo su determinación diferente en función de la propia variedad de elementos que constituyen este colectivo, así en el caso de los terrenos, edificios y maquinaria será su valor de mercado, puesto de relieve por medio de un avalúo (Realizado por un profesional de contrastada experiencia en la zona geográfica donde opera la empresa, y preferiblemente con certificación en Normas Internacionales de Valoración, teniendo en cuenta que se trata de un valor económico, determinado por el potencial de generación de flujos futuros del bien). Cuando se dispone de tasaciones para los elementos a revalorizar, se debe proceder compensando la depreciación acumulada del elemento con su precio de adquisición y ajustando su valor neto de depreciaciones hasta expresar su valor razonable.

En el caso de que no exista un valor de mercado, por tratarse de bienes muy específicos, en el caso de máquinas o equipos, y que raramente se venden por separado de la unidad empresarial, se tomará entonces como valor, el costo de reposición del elemento, debidamente depreciado, ya que es más asequible su obtención. Por lo tanto se procede entonces a aplicar un coeficiente corrector tanto al costo histórico como a las depreciaciones acumuladas.

El valor razonable se puede ver revalorizado anualmente por las fluctuaciones del mercado, lo cual supone, realizar continuas revalorizaciones en los valores de los elementos, siempre que las diferencias valorativas sean significativas, en caso contrario sería suficiente efectuar la revalorización  por los valores acumulados de tres o cinco años.

Otro aspecto tratado por la norma es la situación de un elemento de activo cuando no es considerado como un elemento individual, sino que pertenece a una misma clase o grupo de activos, es decir, se trata de un conjunto de activos de similar naturaleza y uso en la actividad de la empresa. En éste caso, si se revalúa un elemento determinado, también se debe revaluar el resto de los activos que pertenecen a esa misma clase. Con ello, se pretende evitar que en los estados financieros aparezca una mezcla de valores.

Tratamiento contable:

Al revaluarse un elemento de propiedad, planta y equipo, se puede producir un incremento o reducción del valor contable del activo correspondiente, proponiéndose el siguiente tratamiento contable:

-      En caso de revalorización, el aumento de valor debe ser abonado directamente a una cuenta de reservas por revalorización, dentro del patrimonio neto. En el supuesto, que sobre ese mismo activo hubiese sido reconocida, anteriormente, una devaluación registrada como una pérdida, se procedería a su reconocimiento como un beneficio del ejercicio en la medida que expresa la reversión de la disminución anterior.

-      En caso de devaluación, la disminución del valor debe ser reconocida como una pérdida del ejercicio. En el caso de que existiese una reserva por revalorización, anterior, sobre ese activo, el importe de la devaluación debería imputarse directamente, en dicha cuenta de reserva, con el límite máximo del saldo que presente.

En ambos casos, (tasación o costo de reposición) como contrapartida, se genera una reserva de revalorización, procediendo su traspaso a reservas de libre disposición cuando se dé cualquier de las dos circunstancias siguientes:

a)   Conforme se deprecia el elemento, por la diferencia entre las cuotas de depreciación antes y después de la revalorización, y

b)   Al tener lugar su venta o retiro.

Una vez considerado el tratamiento de la revalorización, se puede optar preferentemente por el costo histórico, permitiendo que las empresas que lo deseen  informen en las notas del valor razonable de sus inversiones (es el planteamiento que incorpora la NIIF para PYMES). Tres factores van a disminuir el interés de las empresas por adoptar este tratamiento:

a)   Los costos asociados a la revisión continua del valor de los elementos –por ejemplo tasaciones de inmuebles-

b)   La tradición contable en jurisdicciones donde no se utiliza el costo revaluado.

c)   La volatilidad que pueden adquirir los resultados por causas que quedan fuera del control de la empresa.

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