Que el estado centralice la información que solicita a los contribuyentes

El contribuyente, el empresario y el contador público están abrumados con tanta información y reportes que le exigen las mil un una entidades estatales de control. Está la Dian, la más terrorífica de todas, pero  adicional a ello hay superintendencias para esto y aquello, y un largo etcétera de  entidades de control estatal, que unidas piden tanta información que el empresario debe invertir en estructurar datos lo que debería invertir en potenciar su negocio. Allí hay un gran costo de oportunidad macroeconómico no evaluado ni valorado. Ya no hay tiempo para trabajar, sólo para enviar multitud de informes al estado, que además no hace casi nada con ellos.

El estado, fraccionado y disperso exige  demasiada información el ciudadano, y más del 90% de esa información es redundante. Lo que pide una superintendencia es lo mismo que pide la otra, pero en un formato distinto.  La una pide los datos en color azul y la otra los mismos pero en color rojo. Qué  desperdicio de recursos y de tiempo. Qué ineficiencia tan abrumadora la que nos tiene agobiados. Estamos empantanados en nimiedades.  Qué pérdida tanto para el estado como los particulares. Mejor que nos pudiéramos dedicar a generar riqueza, a generar empleo.

Ninguna de las entidades del estado que solicitan información la utilizan debidamente. Sólo son capaces de analizar y hacer seguimiento a un pírrico porcentaje de ella. Por ejemplo, se ha escuchado que la DIAN sólo tiene capacidad para tratar el 1% de toda la información que recibe, pero siendo optimistas, puede  que sea más, tal vez un 10% o 20%, lo cual sigue siendo insuficiente. Y la DIAN es la entidad más eficiente del estado. Ya se imaginarán lo que hacen las otras entidades que le joden la vida al empresario pidiendo información: nada.

Todo este embeleco que vuelve loco al contador público y que pone al empresario a pagar un ejército humano para elaborar inútiles informes,  se puede solucionar si el estado estandariza y centraliza la información que pide al contribuyente, al ciudadano, y que cada entidad estatal de control tome lo que necesita para sus funciones particulares. Qué solo una entidad del estado pida información.

Si el estado toma todos los  recursos económicos, humanos y técnicos que tiene desperdigados por todo su aparato burocrático y los centraliza y estandariza, su eficiencia y capacidad de control crecerían exponencialmente, y a la vez el contribuyente sentiría un gran alivio en su carga de trabajo.

Al ser una única entidad estatal la que gestione la información, el contribuyente sólo tendría que enviar un reporte al año, o dos si fuere necesario, y aunque ese reporte fuera muy amplio, exigente y detallado, es mucho mejor que estar presentando infinidad de reportes con múltiples formatos  y presentaciones.

El beneficio para el contribuyente es evidente, pero el beneficio para el estado sería inmenso. El control de la evasión sería más efectivo puesto que la información recogida, al ser estandarizada, detallada y hasta masiva, permitiría hacer un seguimiento y control minucioso a cada actividad económica realizada en el país.

Uno de los grandes avances sería no sólo en el control de la evasión de impuestos, sino en el control de la evasión de seguridad social, problema que afecta al 99% de la población que depende de los servicios prestados por las entidades que gestionan esos recursos. Un gran caballito de batalla para los del gobierno que sólo se mueven si hay votos a la vista.

Al unificar recursos, el estado podría desarrollar una plataforma tecnológica de control y análisis de información tan poderosa que no tendría necesidad de andar tocando la puerta de cada ciudadano para pedirle  información. La eficiencia del estado en la gestión y control del recaudo de recursos de distinto tipo sería tal que los niveles de evasión se verían disminuidos drásticamente.  Con seguridad más de un contribuyente se la pensaría dos veces antes de intentar hacerle trampa a un estado eficiente, poderoso.

Esto a la vez lograría que el contribuyente superara  la animadversión que le despiertan las entidades del estado y estén dispuestos a colaborar de buena gana. A la gente no solo hay que exigirle que cumpla con una obligación, sino que hay que brindarle las herramientas para que cumplir sea fácil. Es que algunos contribuyentes gastan más plata enviando  información al estado que pagando impuestos.  Eso es ineficiencia estatal a toda regla.

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