¿Qué hacer para que los médicos no escriban como si nunca hubieran asistido al colegio?

¿De dónde acá escribir garabatos ilegibles da estatus? 

Hay cosas que definitivamente uno no entiende. Y una de esas tiene qué ver con la forma como lo médicos expiden las rectas médicas y diligencian las historias clínicas.

No sé a quién se le ocurrió la pésima idea de que el médico debía escribir  como si no hubiera superado la primaria,  pero quienquiera  que haya sido, lo cierto es que no le hizo ningún favor ni al paciente ni al farmaceuta, ni a nadie.

A veces he llegado a pensar que se trata de un propósito deliberado, pues es imposible creer que ello sea producto de una simple coincidencia. Imposible que todos los médicos hayan corrido con la mala suerte de tener una caligrafía patoja, propia de muchachos de básica primaria. Realmente son excepcionales los casos en que es posible descifrar esos escritos, pues la mayoría de las veces el esfuerzo resulta vano porque es tan horrible la letra que  no se logra interpretar la fórmula médica o la historia clínica.

Yo tengo motivos fundados para reprochar esa forma de escribir de los médicos, pues sufrí en carne propia una experiencia demasiado dolorosa. Mi mamá se encontraba muy enferma y fue necesario llevarle el médico a la casa, quien ordenó hospitalizarla y le expidió una fórmula cuyos medicamentos había que comprar en una droguería externa pues en esa época el Hospital de la pequeña ciudad en donde vivíamos se encontraba en una difícil situación presupuestal y sus inventarios de medicamentos estaban prácticamente agotados. Yo, que en ese tiempo era muy joven e inexperto fui corriendo a la droguería, solicité que me despacharan la fórmula, e inmediatamente me dirigí al Hospital y allí se los entregué a la enfermera  que estaba colaborando en la asistencia del caso. Mi mamá murió dos días después.

La noticia de su fallecimiento la recibí acompañada de un reproche del médico, quien me enteró de que dos de los medicamentos que yo había llevado al Hospital eran distintos de los que él había formulado, que el farmaceuta se había equivocado y que yo no había comparado la fórmula con las medicinas recibidas. No tuve tiempo de explicarle que a pesar de la angustia que sentía en aquél momento yo sí había intentado efectuar la comparación pero que no había podido descifrar la fórmula.

Como se podrán imaginar, mi pena fue doble.

Días después, al conversar nuevamente con el médico,  yo le puse el tema de mi error, y él me aclaró que éste no había influido para nada en la muerte de mi mamá, pues la diferencia entre las dos clases de medicamentos había sido sobre la  cantidad de miligramos, y que los formulados eran de un laboratorio diferente del que me habían despachado.  Aunque yo me propuse darle crédito a las explicaciones del médico y cerrar el caso, durante mucho tiempo estuve pensando que de no haber cometido yo ese error, posiblemente mi mamá habría estado junto a mí, doce años después, cuando me gradué de abogado.

Esa triste experiencia la he traído a colación para significar la importancia que reviste el hecho de que las fórmulas o recetas médicas sean elaboradas por los médicos a máquina o en computador. Si de por sí los nombres de los medicamentos son raros y enredados y a eso le sumamos la ilegibilidad de la letra de los médicos, los pacientes tenemos entonces razones suficientes para temer  que en cualquier momento un error en el suministro de los medicamentos nos permitan comprobar prematuramente si es cierto o falso eso que cuentan del túnel y la luz al final de éste.

Para cerrar este comentario me referiré a una nota publicada recientemente por Legis Editores en su obra Legismóvil.

Resulta que un anciano de 84 años de edad, afiliado a la Nueva EPS, se presentó a la Personería el pasado 22 de mayo con el fin de solicitar que dicha entidad interviniera para que le solucionaran un problema que tenía con una receta médica cuyo texto era totalmente ilegible, lo cual le había impedido recibir el servicio autorizado por la EPS. Vale anotar que el afiliado está en condiciones de discapacidad pues tiene problemas de visión.

En vista de lo anterior, la Personería ofició en tal sentido a la Nueva EPS y a la Superintendencia de Salud  (Supersalud). Desde ese momento han transcurrido dos meses y ninguna de las dos entidades se ha pronunciado sobre el particular. Muy raro, ¿no?

En concepto de la Personería, las autorizaciones médicas ilegibles vulneran el derecho a la salud.

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