Reforma tributaria y generación de empleo

Hasta antes de la reforma tributaria en lo que esta tiene que ver con la eliminación del pago obligatorio de aportes para el SENA y el ICBF en función del valor de la nómina, las empresas intensivas en mano de obra estaban siendo injustamente castigadas, independientemente de sus resultados, con ese pago ( léase impuesto ).

Sumando el gasto de parafiscales para el SENA y el ICBF y el impuesto sobre la renta, una empresa intensiva en capital y con utilidades similares a otra intensiva en mano de obra, pagaba entre ambas cosas, mucho menos en total.

Ahora, en un acto de justicia y equidad, la reforma tributaria ha eliminado ese castigo real que afectaba la creación de empleo y ha establecido que, tal como ocurre con otros servicios del Estado, es del impuesto sobre utilidades que paguen las empresas que se financian esas dos Instituciones tan necesarias pero que, entre otras cosas, piden a gritos una reorientación, especialmente el SENA que ha privilegiado la forma y la cantidad frente a la pertinencia y la calidad.

Se supone que, de permitírselo el aspecto de demanda, ese alivio del costo laboral debe llevar a las empresas intensivas en mano de obra a incrementar los puestos de trabajo, contribuyendo a la generación de empleo.

No pueden las empresas intensivas en capital quejarse de que les han transferido el castigo puesto que la tasa general del impuesto a la renta, considerando la reducción al 15% y el 8% del CREE (circunstancialmente el 9%), ha quedado en la misma tasa real con que venía.

¿Que se corre el riesgo de que los empresarios  no aumenten los puestos de trabajo y se embolsillen el ahorro? Cierto. El riesgo existe, pero hay que correrlo.

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