Las relaciones sexuales extramatrimoniales de uno de los conyugues, como causal de divorcio/cesación de efectos civiles de matrimonio eclesiástico

Es la primera causal relacionada en el Artículo 6º de la Ley 25 de 1992, y aunque inicialmente se establecía como “Las relaciones sexuales  extramatrimoniales de uno de los cónyuges salvo que el demandante las haya consentido, facilitado o perdonado", dicha precisión fue estudiada oportunamente por la Corte Constitucional que mediante Sentencia C-600 de 2000, declaró la inconstitucionalidad de la expresión “… salvo que el demandante las haya consentido, facilitado o perdonado…"  al considerar prudentemente que “…la decisión íntima de perdonar las relaciones sexuales extramatrimoniales del otro no puede derivarse para quien las padece, la consecuencia de perder el derecho a intentar la reestabilización (sic) de su vida mediante la declaración de divorcio porque puede ocurrir que la actitud de perdonar no incluya la intención de mantener la vida en común…” 

Es de resaltarse en principio, la exquisitez semántica del legislador en recurrir a la expresión “relaciones sexuales extramatrimoniales de uno de los conyugues” dejando de lado locuciones que como adulterio o infidelidad, si bien es cierto las recogen con un sentido moral de mayor drasticidad, no es menos cierto que la chabacanería de corrillo que a veces nos caracteriza, enfilaría a calificativos como el amancebamiento, el engaño, la traición, la promiscuidad, que invariablemente, quiérase o no, están dirigidos a la mujer.

Ahora bien,  “toda relación sexual es una infidelidad, pero no toda infidelidad es una relación sexual” fue el aforisma que desde los tiempos de la Ley 1 de 1976, y durante cerca de veinte años determinó como única materialización de esta  causal, que la “relación sexual del esposo con otra mujer o de la esposa con otro hombre ” debía ser la necesariamente mediante el acople carnal, llevando a inverosímiles tramas de tener que probar el acto físico mediante <exhaustivas> investigaciones más allá del mero indicio, aspecto que hoy se ha decantado hasta el punto de considerarse suficiente para configurar la “relación sexual extramatrimonial”, una relación íntima erótica sexual, de carácter heterosexual o no, aunque sea meramente circunstancial u ocasional.

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