Sandwich Holandés

Llamamos "sandwich holandés" a un ingenioso mecanismo diseñado para eludir impuestos. En este caso, dada una empresa multinacional no residente en Holanda, esta estará exenta o casi exenta de pagar impuestos, siempre dependiendo del escenario particular o de su actividad económica. Se trata de una de las fórmulas de elusión fiscal que más se está utilizando en la actualidad. Por supuesto, este hecho no es casual, sino que se debe al mecanismo que hay detrás de esta práctica, la cual tiene un carácter completamente legal.

La ventaja más llamativa de este mecanismo de evasión de impuestos está en el modo curioso en el que se le aplica a las empresas la tasa impositiva. La fórmula es la siguiente: sea A una empresa multinacional no residente en Holanda, A puede contratar los servicios de un bufete de abogados holandés para que le representen. Una vez los abogados holandeses de A llegan a un acuerdo con este, se reúnen con las autoridades fiscales holandesas. Allí los abogados que representan a A tendrán que dejar definida la actividad económica y el modelo de negocio de su cliente. Hecho esto, A podrá pactar con las autoridades fiscales de Holanda la tasa impositiva que pagará si lleva a cabo el negocio que se ha comprometido a emprender.

Bien, una vez nuestra empresa A ha pactado la tasa impositiva con las autoridades fiscales holandesas llega el paso siguiente: la empresa fantasma. Se trata de la empresa holandesa, es decir, la multinacional crea una empresa en Holanda, pacta la tasa impositiva con las autoridades competente y se compromete a ejercer determinada actividad económica en el país. Sin embargo, y de aquí el nombre de empresa fantasma, esta empresa en realidad no lleva ninguna actividad, sino que la multinacional traspasa a la sociedad fundada en Holanda todos los dividendos obtenidos a través del ejercicio de su actividad en otro país en el que la tasa impositiva que tendría que desembolsar sería muy superior, dados los grandes beneficios que obtienen las empresas que suelen realizar esta práctica. Y es que la tasa impositiva que pagan las multinacionales en Holanda no supera el 3%.

Pero la historia no acaba aquí. En efecto, una vez la empresa paga sus bajos y pactados impuestos en Holanda, el resto de dinero, los beneficios netos, van a parar a su matriz que se encuentra en las Antillas Holandesas. Aquí los accionistas y directivos de A se reparten unos sueldos astronómicos sin tener que pagar más impuestos. Es decir, gracias al sandwich holandés los únicos impuestos que se pagan son los de la empresa, los cuales han sido previamente pactados con las autoridades pertinentes del país. Luego los beneficios van a la matriz y de aquí pasan a engordar las cuentas de los gerifaltes de la multinacional de turno, en nuestro caso, de A.

El hecho de que sea un método para evadir impuestos legal lo ha convertido en uno de los más en boga en la actualidad. Así, los directivos y accionistas de grandes empresas multinacionales engordan sus bolsillos a la par que los Estados enflaquecen por falta de liquidez.

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