Saneamiento tácito de las nulidades

El artículo 140 del Código de Procedimiento Civil  consagra en forma taxativa las causales de nulidad.  Al decir que lo hace de manera taxativa estoy  indicando que son esas y únicamente esas, o sea que al juez no le está dado recurrir a la analogía para establecer vicios de nulidad, ni extender ésta a defectos diferentes.

Como el tema es amplio y un poco complejo, y además el espacio es limitado,  en este comentario sólo me referiré a una de ellas: la OCTAVA.  Según ésta, el proceso es nulo en todo o en parte “Cuando no se practica en forma legal la notificación al demandado, a su representante, o al apoderado de aquél o de éste según el caso, del auto que admite la demanda o del mandamiento ejecutivo o su corrección o adición. 

De acuerdo con la ley, el auto que admite la demanda y el que contiene el mandamiento de pago deben notificarse al demandado de manera personal, para lo cual se le envía a éste, a la dirección indicada por el demandante en la demanda, un “oficio” citándolo al  juzgado para que se presente  a notificarse del auto admisorio de la demanda o del mandamiento de pago, según sea el caso. Si el demandado no comparece durante el plazo que le concede la ley,  el Juzgado le envía otro “oficio” llamado  AVISO, con el cual una vez recibido por eldemandado se surte la notificación y le empieza a correr  el término para contestar la demanda. Este es el procedimiento que se aplica en materia civil.

En laboral, la cuestión es un poco diferente. La diferencia consiste en que con el segundo “oficio” que se le envía al demandado, es decir el AVISO,  no   se surte la notificación, dado que en materia laboral no existe la llamada notificación por aviso.  Por tanto, el aviso sólo sirve para recordarle  al trabajador que debe presentarse al juzgado a notificarse de la providencia, advirtiéndole que si no lo hace se le nombrará curador ad litem (algo así como un defensor de oficio), se le emplazará y se proseguirá con el proceso. Esto para el demandado suele ser muy grave porque se priva de la posibilidad de proponer excepciones y pedir pruebas, amén de que no va a poder contar con una defensa adecuada por cuanto el  curador no podrá hacer gran cosa ya que desconoce los hechos que dieron lugar al proceso. Esto es importante anotarlo pues se dan casos en que el demandado cree que si no se deja notificar no podrá ser “tocado” por la justicia.  Monumental error.

Ahora bien, si el demandante manifiesta en la demanda que desconoce el domicilio del demandado, se omite el envío del citatorio y del aviso, como es apenas obvio,  y se procede directamente a designarle curador ad litem al demandado y a emplazarlo, y se adelanta el proceso sin la presencia de éste.  Vale advertir que a diferencia de lo que ocurre en el proceso civil, en donde primero se emplaza al demandado y si éste no comparece se le designa curador ad litem, en laboral primero se le nombra curador  y luego se le emplaza.

Importa anotar también  que si durante el trámite del proceso el demandado se entera del adelantamiento de éste y se halla en condiciones de probar que el demandante sí conocía su domicilio, debe presentarse de manera inmediata al proceso, acompañado de abogado, a fin de asumir su defensa, alegando de entrada la nulidad, o sea, promoviendo un incidente de nulidad,  caso en el cual el juez declarará la nulidad de todo lo actuado, y al demandante le sobrevendrán graves consecuencias.

Pero qué ocurre si el demandado se entera del trámite del proceso en su contra y sin embargo no comparece al mismo a asumir su defensa y a alegar la nulidad,  o se presenta tardíamente  y la plantea?  Pues que por su llegada tardía al proceso la nulidad ya se habrá saneado o convalidado. Pero para que se produzca dicho saneamiento o convalidación, el demandante deberá probar que el demandado sí sabía de la existencia del proceso y que, no obstante tener ese conocimiento, se mantuvo deliberadamente al margen del mismo esperando que éste avanzara para luego presentarse y sorprender al juez y a la otra parte alegando la nulidad con el claro propósito de derrumbar el proceso.

Lo anterior significa que la nulidad no sólo se tiene por saneada cuando la parte afectada con ella actúa en el proceso sin alegarla, sino también cuando el afectado, a sabiendas de la existencia de éste, se mantiene, sin razones válidas, por fuera del mismo a la espera del momento más justado a su conveniencia. En este caso la convalidación o el saneamiento de la nulidad es el castigo que recibe el demandado que en lugar de presentarse al proceso inmediatamente se informa de la existencia de éste, prefiere agazaparse mañosamente a la sombra esperando el momento y la forma que más le convengan para asestar el golpe de gracia al proceso aduciendo vulneración de su derecho al debido proceso. Es evidente que quien actúa de esa manera deja visible su profundo desprecio por los valores de la lealtad y la buena fe y por tanto la justicia no le puede amparar su infame pretensión.

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