¿Se puede probar el salario integral mediante confesión?

El salario integral surge del convenio que celebran las partes de un contrato de trabajo para que la remuneración del trabajo se dé bajo la forma de un pago mensual único.

Y se trata de un pago mensual único, toda vez que en ese caso el trabajador sólo recibirá como contraprestación por sus servicios un salario que en  ningún caso puede ser inferior a trece veces el salario mínimo mensual legal, el cual comprende no sólo la retribución del trabajo ordinario sino que compensa de antemano el valor de las prestaciones sociales (cesantía, intereses sobre éstas, y prima de servicios), recargo por trabajo nocturno, horas extras, recargo por trabajo en domingos y festivos, primas extralegales, subsidios y suministros en especie, etc., excepto las vacaciones.

Dicho salario se integra por dos componentes: el salarial, que no puede ser inferior a 10 veces el salario mínimo legal mensual, y el factor prestacional de la empresa, que no puede ser inferior  al 30% del componente salarial, de ahí que se diga que el monto del salario integral, como mínimo, debe ser equivalente a 13 veces el salario mínimo legal mensual.

Por otra parte, y de conformidad con los términos del Art. 132 del C. S. del T., subrogado por el Art. 18 de la ley 50 de 1990, el acuerdo que en tal sentido celebran las partes debe constar por escrito, lo que equivale a decir que el salario integral debe ser estipulado en forma escriturada.

Ahora bien, como es vox populi, la confesión se ha erigido como “la prueba reina”, lo que significaría que dicho medio probatorio se privilegia sobre los demás, vale decir, el testimonio, los documentos, el dictamen pericial, los indicios, etc.

Si eso es así, vale la pregunta que sirve de título a este comentario: ¿Se puede probar el salario integral mediante confesión?. El asunto fue objeto de estudio por parte de la Sala de Casación Laboral de la Corte Suprema de Justicia. Se hace aquí un breve resumen del caso sometido a estudio de esa Corporación.  En la demanda el trabajador reclama el pago de las prestaciones sociales causadas durante los últimos siete años de los trece que estuvo laborando al servicio de la demandada, y solicita, a la vez, que se condene a ésta a cancelarle la respectiva indemnización moratoria. Aclara que si bien es cierto en esos últimos siete años el monto de su remuneración pasó a ser el igual al del salario integral, nunca suscribió documento alguno que recogiera su consentimiento para ingresar a dicho régimen. En la contestación de la demanda la empresa se opone a las pretensiones del actor y explica que el trabajador obrando de manera libre y voluntaria se acogió al régimen de salario integral, y que por tanto en el salario recibido por éste estaban compensadas las prestaciones sociales; seguidamente recoge esas palabras del demandante y elabora la tesis de que mediante la prueba de confesión (a la que llama prueba reina) había  quedado plenamente probado  que el salario devengado por el ex laborante había  sido de naturaleza integral, y pide que se la absuelva de las susodichas condenas. El juez de primera instancia rechaza ese argumento, condena a la empleadora al pago de las prestaciones sociales, y se abstiene de condenarla al pago de la indemnización moratoria. El Tribunal confirma el fallo y el asunto va a casación por iniciativa de ambas partes. La Corte le da la razón al juez de segundo grado quien al confirmar la sentencia del juzgado dijo sobre el punto:

“Se discute en la alzada que el acuerdo ha sido probado mediante la prueba reina ya que el demandante confesó su existencia en la demanda. Esto resulta indiscutible. Y también se planteó que aceptó su pacto al haber firmado el documento de afiliación a Provenir (fl.358) en donde afirmó devengar un salario integral, así como la liquidación de prestaciones sociales (fl.365) en donde igualmente se hizo expresa tal afirmación. Estas dos características del caso resultan incontrovertibles. No obstante, fue el legislador -ya se dijo- quien quiso revestir el acto de esa formalidad: la estipulación escrita. Su prueba por tanto es solemne pues sólo el documento contentivo de la misma da fe de su existencia. No vale otro medio probatorio así éste sea la misma confesión”. (Sentencia Rad. 27282 del 5 de nov. de 2008, M. P. Dr. Francisco Javier Ricaurte).

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